Respuesta a un comentario sobre el papado

papa-y-patriarcaAlguien comentó así en el artículo Para unir a los cristianos, Francisco se mostró dispuesto hasta a discutir el rol papal publicado en la revista web argentina Infobae y que reproduzco aquí fielmente con las faltas de ortografía originales pero sin corolario grosero que no importa a la discusión.

“El problema que data del 1054 se debe a que el Papa catolico se autoimpuso la condicion de lider de la unica fe verdadera, que emana de la autoridad de Roma. Fue todo politico, nada que ver. La tan mentada frase “tu eres Pedro y sobre esta piedra edificare mi Iglesia” que los catolicos curiales justifican para considerar al Papa de Roma infalible y la iglesia romana la unica verdadera, es falsa. La correcta interpretacion de acuerdo a la teologia moderna en base a estudios hermeneuticos es que se referia a…la piedra de la Fe y el Amor. O sea, el mismo Jesus. Luego en 1870 Pio IX luego de que Italia se constituyera en republica con capital en Roma, y los Estados pontificios reducidos a 4 cuadras, el Papa se auto otorgo el titulo de unico y legitimo en autoridad e infalible. No hay salvacion fuera del catolicismo romano. Pero Juan XXIII derogo esta interpretacion absurda. Otra vez la politica. O sea: [corolario grosero borrado].”

El comentario adolece de varias inexactitudes. Sin ánimo de controversia me veo en la necesidad de corregir algunas cosas que en general son mal entendidas pero bien difundidas. Sin embargo se pueden aclarar sin que quede duda alguna, usando simplemente lo que tenemos a mano: los Evangelios y el sentido común, sin que falte la correcta y bien aplicada hermenéutica.

Respondiendo en forma ordenada a sus afirmaciones, se puede decir que los conflictos entre la Iglesia de Occidente y la Iglesia de Oriente se remontan al tiempo en que el Emperador Romano mudó la capital a Bizancio/Constantinopla. En ese entonces el obispo de Bizancio reclamó, haciendo una interpretación teológicamente defectuosa, que si la capital del Imperio se mudaba, también debería mudarse la cabeza de la Iglesia al obispado correspondiente. Eso no podía ser primeramente porque la Iglesia no está subordinada a estado o gobernante temporal alguno y, en segundo lugar, se puede ver en el mismo argumento del obispo bizantino que hasta entonces Roma se consideraba la sede de la cabeza de la Iglesia. De ahí la famosa frase “ubi Petrus ibi Ecclesia” trad. “donde Pedro está, también está la Iglesia”.

Tal verdad está expresada en el Evangelio según San Mateo 16:20. Ese capítulo en particular, si se lo examina con cuidado en su contexto particular e imagen, usando los idiomas originales del Evangelio; revela su carácter fundacional fuertemente relacionado con el establecimiento de la Nueva Alianza prometida al pueblo de Israel si se consideran las palabras de Jesús como un eco de Isaías 22:22 (el reemplazo del visir infiel) que responde a la circunstancia histórica evidenciada en Juan 18:13 “Caifás era sacerdote ese año.” Este es un dato sugestivo, pues los sumos sacerdotes levitas servían de por vida. Pero Caifás, yerno del verdadero Sumo Sacerdote Anás, había sido nombrado en el puesto por los romanos que gobernaban Palestina. La idea del procurador romano era que nadie sirviera en un cargo de liderazgo vitalicio que pudiera tener implicancias políticas, incitar a la rebelión contra Roma, etc. Nombrado entonces el falso sumo sacerdote en Jerusalén por los romanos, Jesús lleva a sus doce discípulos a Cesarea, que como su nombre sugiere, era una región reservada para los romanos. Para mayor claridad, Jesús los lleva a un vallecito en el que había un templo pagano, situado en una cueva dedicada al dios Pan. Jesús contrapone este gesto a la invasión romana del territorio del rey David “invadiéndoles” el territorio que se habían reservado los invasores para proclamar allí la fundación de su Iglesia.

Esto lo hace en presencia de doce hombres que representan en la Nueva Alianza una nueva versión de las doce tribus de Israel. Así como el patriarca José recibió a sus hermanos en Egipto y les reveló su identidad secreta (“soy José vuestro hermano”) Jesús les revela a sus doce, su identidad mesiánica dejando que sea Simón quien la revele: “tú eres el Cristo el Hijo del Dios vivo” dice el hombre que hasta entonces era conocido como Simón Bar Jonás. Y Cristo le responde ungiéndolo como Sumo Sacerdote usando las palabras que Isaías registra en la historia del reemplazo del visir infiel (“atarás y desatarás”) y nombrándolo con un nombre cuya imagen es lo opuesto al nombre de Caifás, el sumo sacerdote temporario nombrado por Roma. Pues Caifás significa “pequeño valle, hondonada” y Cefas (Kefa en arameo, Petros en griego, Pedro en nuestro idioma) significa “promontorio rocoso, roca enhiesta” con lo que nuevamente contrapone lo nuevo a lo viejo. El puesto de Caifás decaerá y el de Pedro será elevado.

Con el tiempo el puesto de Pedro conquistará la misma Roma. Pedro será ejecutado en el Mons Vaticanus, que en un tiempo fuera como su nombre lo indica, el monte de las profecías ( vaticinia en latín) donde los augures llevaban una cierva de la cual leían sus entrañas, de ahí nuestras palabras augurios y vaticinios. En ese monte se creía que había una “puerta al cielo” por donde los dioses bajaban y subían. Ese monte otrora sagrado se destinó a las crucifixiones y allí fue crucificado Pedro, que “entró al cielo” desde ese lugar con los pies hacia arriba, ya que se había considerado indigno de morir en la misma posición que la de su Señor en el Calvario. De esta forma la ejecución de Pedro “refleja” de alguna manera la de Jesús como la imagen de un paisaje se refleja a veces en un lago tranquilo.

peterPero allí no termina la cosa: con el tiempo la Iglesia conquistó a Roma completamente y la hizo cristiana, apropiando para sus obispos la púrpura de César, el título de Pontífice Máximo, y la ciudad misma. Como lo hicieran antes los reyes orientales de la antigüedad, Cristo simbólicamente le “cortó la lengua” a César y el latín, idioma de Roma, quedó como la lengua oficial de la Iglesia, siendo que ninguna nación lo conservó fuera de los muros del Vaticano. César humilló a Israel por un tiempo pero el Mesías humilló a César para siempre.

La “piedra” es Pedro, débil reflejo terrestre (como en las cruces “reflejadas” de Cristo y Pedro crucificado al revés) de la “piedra fundamental” que es Cristo, la Iglesia triunfante en los cielos está fundada en la Piedra Perfecta, la Iglesia militante en la tierra está fundada sobre Pedro, el cobarde, temeroso, impulsivo y duro de entendederas Pedro: elegido para ser el primer Pontífice para que en su debilidad se magnificara el poder de Dios que vence a los hombres con las armas más humildes. Bastó Pedro para destronar el magno poder de Roma.

La infalibilidad de Pedro surge de Lucas 22:32 donde Cristo dice: “pero yo he rogado por ti, que tu fe no falle; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.” Y si es cierto lo que dice Santiago en su carta (5:16) “La oración fervorosa del justo tiene mucho poder” de eso se desprende que la oración de Cristo —que es perfectamente justo— tiene todo el poder necesario para que la fe de Pedro “no falle” de allí en adelante. El libre albedrío de Pedro y de sus sucesores es así recortado un poquito para bien de sus hermanos en la fe. En cuestiones de fe, y solamente en cuestiones de fe, Pedro no fallará en hablar la verdad. A eso se limita la infalibilidad papal sancionada como dogma de la Iglesia en el Concilio Vaticano I.

Nunca fue derogado un dogma en la Iglesia Católica, ni mucho menos por San Juan XXIII. Si el Papa Bueno aclaró algún aspecto que no estaba definido hasta ese momento o refutó alguna creencia popular que era mal entendida como “dogma” entre quienes desconocen la doctrina católica … eso no es “derogar” un dogma. Se pueden derogar costumbres, prácticas comunes, vestiduras, o cualquier otra cosa accesoria; pero en la Iglesia no se derogan artículos de fe como entre los jehoveros que hoy creen una cosa y mañana otra, según el último libro “revelado” que la secta les ha obligado a comprar. Este comentario será borrado seguramente en su original pero lo conservaré aquí, ligeramente adaptado, para quienes lo quieran visitar libremente cuando les parezca.

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