El rigor y la verdad

El resultado práctico de la educación en ese espíritu [de subjetivismo] debe ser forzosamente la destrucción de la sociedad que lo acepta- C.S.Lewis, The Abolition of Man

En el artículo anterior Virtud y Buena Ciencia propuse primeramente que las afirmaciones de los nuevos ateoscarecen de rigor científico y en algunos casos pecan contra el mero sentido común.

Para substanciar mi afirmación puse como ejemplo la apreciación de Piergiorgio Odifreddi quien francamente nos informa que la obra de Bertrand Russell, Por Qué No Soy Cristiano ha “envejecido mal.”

La primera pregunta que surge ante esa afirmación es simple: ¿Cómo puede envejecer mal algo que es verdad? Y agrego, especialmente viniendo de un matemático como Russell. Pues los problemas que intrigaron a Diofanto de Alejandría nos intrigan todavía y las soluciones de Pitágoras no han dejado de ser soluciones porque simplemente pasó el tiempo. Concluímos entonces que el mal envejecimiento (en menos de 80 años) de la obra de Russell es una admisión indirecta de que no contiene ninguna verdad eterna, como la del buen Pitágoras, que si despertara hoy, comprobaría satisfecho que la suma de los cuadrados de los catetos de un triángulo rectángulo, siguen siendo equivalentes al cuadrado de su hipotenusa.

Tomé entonces como ejemplo la postura optimista de Russell con respecto al trabajo de David Hilbert, quien intentaba desarrollar un sistema de axiomas que permitiera verificar cualquier tipo de expresión matemática. Si eso se hubiera logrado, la predicción de Russell de que habíamos llegado “al fin de la Matemática” se hubiera cumplido. Pero no se cumplió porque Kurt Gödel, usando elementos muy sencillos, probó en su Teorema de lo Incompleto que existen y siempre existirán en Matemática elementos imposibles de probar. Lo asombroso de la prueba de Kurt Gödel es que al mismo tiempo determina que existe una certeza objetiva que es externa e independiente al pensamiento humano. Recordemos esto entonces verdad objetiva y externa al pensamiento humano. Me alegra mucho reportar que el Teorema de Kurt Gödel ha envejecido muy bien, sigue vivo y con muy buena salud.

Luego pasamos de un salto a la peculiar historia de la conversión de C. S. Lewis. La aproximación de Lewis al concepto de Dios es inusual. Lewis fue un intelectual hecho y derecho. Con una formación académica rigurosa y al mismo tiempo con un carácter forjado en la adversidad que le impedía vivir una mentira. La mente de Lewis está definitivamente en busca de la verdad a cualquier precio y no escatima esfuerzos en seguir la evidencia a donde sea que esta evidencia lo lleve, aún si es contra su propia voluntad.

Luego, en su libro The Abolition of Man Lewis contempla como educador, que la sociedad estaba abandonando el concepto de verdad objetiva (recordemos aquí a Kurt Gödel) para educar a las futuras generaciones en esa especie de verdad subjetiva que yo llamopensamiento emocional, usando la acertada definición del Prof. José G. Vela. [1]

Los temores de Lewis se vieron confirmados. A pesar de la montaña de evidencia científica que desmantelaba completamente los ideales positivistas y post-modernistas, el concepto de la verdad subjetiva invadió la educación y la cultura como una hiedra y ahora, a más de medio siglo de distancia, no nos sorprende para nada ver salir de la boca de cualquier celebridad que “todo es relativo” y que “no existen verdades absolutas” pues admitir semejante cosa nos haría pasibles de ser tildados de “dogmáticos.”

Claro que al pobre pelafustán que repite como perico esas cosas, no se le ocurre ni lejanamente pensar que la frase “no existen verdades absolutas” debiera ser una verdad absoluta para ser cierta, pero entonces se negaría a sí misma… ¡epa! que nos hemos topado de nuevo con la Paradoja del Epiménides, o de Russell si quiere ser más post-moderno ¿No es esto lo que Kurt Gödel había probado como falaz en su teorema? Pues,¡SI!

Y lo que vamos encontrando es que los sistemas e ideas que nacen de esa proposición antinatural “envejecen mal” y algo les pasa con el tiempo, no sobreviven con la elegancia eterna de las verdades clásicas. Simplemente sobreviven por un tiempo porque nadie, o casi nadie, sabe examinarlas. Son falacias del momento, modas que se desintegran cuando se las ilumina con la luz de la razón, esa razón que los cultores de la verdad subjetiva necesitan eliminar por motivos que hoy, dejaremos sin analizar para no irnos por las ramas. Baste decir por el momento que todo esto persigue fines ulteriores, uno de los cuales es la destrucción de la cultura judeo-cristiana, la madre de la superioridad tecnológica y científica de Occidente.

Los nuevos ateos están formados en el ambiente decadente del relativismo, primero filosófico y luego moral. El relativismo no es posible sin esas dos piedras fundamentales, la verdad subjetiva y el reduccionismo ideológico usado como herramienta para dejar afuera o simplemente eliminar a la razón objetiva.

En este revoltijo de medias verdades y verdades ausentes surgen los nuevos profetas del ateísmo post-liberal (me gusta más eso que decir post-post-moderno) y así nos encontramos con libros como las dos “perlas” de Richard Dawkins, The Blind Watchmaker (El Relojero Ciego) y The God Delusion (El Espejismo de Dios).

Voy a analizar un solo caso. En su libro The Blind Watchmaker, Dawkins afirma que, dado un tiempo infinito o una sucesión infinita de oportunidades, cualquier cosa puede llegar a suceder (pag. 139 de la edición en inglés.)

Luego en The God Delusion, estima que en el Universo existen posiblemente un millón de millones de planetas en los que se dan las condiciones necesarias para que haya vida. Aparentemente para él eso es algo bastante cercano a una cantidad infinita de posibilidades. Luego concluye que aún si aceptamos que la vida se desarrollara en uno de cada mil millones de planetas, aún en una improbabilidad tan extrema, terminaremos teniendo vida en mil millones de planetas.[2]

La presentación es ingeniosa, pero es falaz y la conclusión es falsa.

Sin embargo Richard Dawkins vende libros y es citado profusamente entre los ateos de barrio que pululan en el Internet porque luego de más de medio siglo de educación deficiente y de slogans relativistas, televisión, Nintendo, más poca y mala lectura… no hay casi nadie que tenga las armas intelectuales como para desarmar este razonamiento y comprobar que Dawkins nos está vendiendo un buzón.

Los que estudiaron lógica o filosofía habrán notado en el argumento de Dawkins la aparición de la vieja falacia de petición de principio. El razonamiento asume que las condiciones ideales se dan sin elementos adversos. Si la formación de vida elemental es imposible, sigue siendo imposible no importa cuántos planetas agreguemos a la propuesta.

Para esto hagamos un repaso de probabilidades. Si tengo seis bolillas numeradas del 1 al 6 en una canasta y extraigo una al azar, las posibilidades de sacar un 6 son exactamente 1 en 6. Pero la posibilidad de sacar DOS veces seguidas la misma bolilla es 1 en 6×6, o sea 1 en 36. Si damos un salto y queremos sacar la misma bolilla 25 veces seguidas entonces nuestra probabilidad es ¡1 en 28.430.288.029.929.701.376! [3]

No nos ha tomado mucho tiempo el pasarnos de 1 en un millón de millones.

Aún el más simple de los aminoácidos necesarios para que exista la vida requiere millones de veces más aciertos que 25 bolitas en hilera.

Pero algunos dirán que dado suficiente tiempo… Muy bien, consideremos esa circunstancia.

Nuestro Universo resulta de la operación oportuna de 17 variables que ocurren exactamente a tiempo para que haya precisamente el tipo de Universo que conocemos. Si una de esas variables hubiera fallado por una mínima cantidad, el Universo pudiera haber sido una enorme nube de hidrógeno o una masa informe de elementos pesados, o cualquier otra cosa. Pero gracias a que se sucedieron 17 singularidades muy oportunas, tenemos este bonito Universo de más o menos 13,5 mill millones de años. Nuevo, de paquete.

El problema es 13,5 mil millones de años no es suficiente tiempo, aún si tuviéramos un numero muy muy elevado de planetas, no podemos usar esa cantidad de tiempo en nuestro cálculo. Por ejemplo, restando el tiempo necesario para la formación de los planetas y su posterior enfriamiento llegamos a más o menos unos 4.000 millones de años. Los primeros prokaryotes, la vida más elemental aparece en la tierra alrededor de hace unos 3,8 mil millones de años. Pareciera que Alguien estaba esperando a que la tierra se enfriara para justo entonces comenzar a construir la maravillosa cadena de la vida ¿no les parece? [4]

Ni me quiero empezar a figurar la probabilildad de que en unos 4.000 millones de años hayamos llegado de una roca pelada con atmósfera de metano a este maravilloso planeta azul y nosotros comunicándonos por el Internet… Creo que no me alcanzaría la vida para escribir el número y ni pensemos en calcularlo.

¿Se entiende entonces como es que el señor Dawkins nos quiere vender un buzón?

Ahora bien, no hace falta calcular la probabilidad estadística de la casi infinita serie de condiciones que han resultado en la existencia del Universo y en el desarrollo de la vida. Hay algo que cualquiera puede entender, siempre y cuando estemos de acuerdo en usar simple sentido común.

Una de las cosas que aprendemos naturalmente es a reconocer las huellas de la inteligencia en todo lo que experimentamos. Sabemos que tomaría muchas pruebas para lograr sacar—al azar—la misma bolilla veinticinco veces seguidas. Pero no sería difícil sacar la misma bolilla todas las veces que quisiéramos, siempre y cuando se nos dejara elegir mirando dentro de la canasta.

Pues bien, los ateos como Dawkins no pueden construir el más elemental de losprokariotes por más que los dejemos ver y controlar cada paso de su creación y les demos todos los elementos químicos necesarios y todos los controles para determinar las variaciones ambientales que sean necesarias.

Esos ateos nos acusan de ser intelectualmente débiles por creer que una Voluntad Divina organizó la serie cuasi-infinita de acciones que llevan desde el Big-Bang hasta la aparición y desarrollo de la vida. Sin embargo ellos nos superan en fe, pues aceptan que la casualidad ciega, en un tiempo imposiblemente corto, puede hacer—mil millones de veces—algo que ningún científico puede lograr intencionalmente una sola vez en condiciones ideales.

Creer en eso requiere una fe mayúscula.

Referencias

[1] José G. Vela. Comunicación Radical – Las Sectas Modernas y su Esclavitud Emocional Editorial ACD, Puebla, México.

[2] The God Delusion. Richard Dawkins, pp. 137-138 “I’ll say it again, if the odds of life originating spontaneously on a planet were a billion-to-one against, nevertheless that stupefyingly improbable event would happen in a billion planets.” (billion=1.000 millones en este caso.)

[3] Answering the New Atheism – Dismantling Dawkin’s Case Against God, Scott Hahn y Benjamin Wiker. Emmaus Road, Steubenville, Ohio, 2008.

[4] Para una estimación aproximada ver Wikipedia.


Bibliografía

The Abolition of Man, C. S. Lewis, 1944. Harper Collins, New York.

Godel’s Proof. Ernest Nagel, James Newman, Douglas R. Hofstadter. Publ. 1958, New York University Press, New York.

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