Es la hora de acusar

fbComo las acusaciones contra la Iglesia y el cristianismo en general son comunes y frecuentes, me pareció que sería útil publicar una respuesta a una carta que recibí. Pido perdón por la extensión de esta respuesta, que solo intenta exponer cada error histórico para dar testimonio de la verdad. Me esforzaré por hacerlo. Para que la respuesta sea razonablemente ordenada agruparé los conceptos expuestos que parecen no estar muy claros para el autor de la acusación.

El mensaje original que recibí, fue escrito en respuesta a Para traer belleza al mundo  (originalmente en inglés Laboring for beauty) y está reproducido fielmente en las notas al pie [1] En mi opinión, la respuesta del Sr. G.B. parece haber sido copiada casi en su totalidad de un conocido sitio secularista, pero respondí a ella de todas maneras.

¿Qué es la Iglesia?

Reflexionemos por un momento en la naturaleza, origen, misión e historia de la Iglesia Católica. La mayoría de los grupos eclesiales cristianos remontan sus orígenes a un fundador como Lutero, Calvino, Zwingli o Enrique VIII de inglaterra. La premisa general que se alega para fundar estos–ahora numerosos–grupos eclesiales es la supuesta falla o corrupción de la Iglesia Católica original. Al contemplar lo que sabemos de la historia de los últimos cuarenta siglos, cualquiera puede apreciar una línea clara que comienza con Abraham al filo de la Edad de Hierro, Jesús de Nazareth que llega unos veinte siglos más tarde y después de eso, la Iglesia fundada sobre los doce apóstoles originales y que continúa hasta hoy: la Iglesia Católica.

Desde sus principios la Iglesia ha estado compuesta por toda clase de gente. Jesús predijo que santos, tontos, pecadores, ovejas y lobos iban a hallarse en ella. Un simple análisis de la doctrina cristiana revela que Cristo enseñó a sus discípulos a luchar y derrotar las malas tendencias de la naturaleza humana. El mayor combate que libra el cristianismo no ocurre en los campos de batalla de este mundo, sino en el interior del alma del hombre. Cristo nunca nos dijo que una persona se convertiría en un santo a los ojos del mundo por el mero hecho de entrar en la Iglesia.

Los detractores modernos de la Iglesia Católica exigen a los cristianos de hoy algo que ni siquiera Dios requiere: una santidad inmediata y sin fallas. Requisito muy duro para cualquiera de este lado del cielo y en mi opinión, muy injusto.

En esta carta que ahora vamos a analizar se puede detectar esa demanda sin mayor esfuerzo. El autor trata de conectar al Cristianismo con las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial. Específicamente, él trata de culpar a la Iglesia Católica por todo el zafarrancho. Hemos escuchado ese argumento antes: “Hitler era católico y el Papa no hizo nada para detenerlo, por lo tanto ambos estaban de acuerdo en eliminar a los judíos y todo un programa de iniquidades indescriptibles.”

Ahora bien, el autor es una persona nacida y bautizada católica, exactamente como lo eran Hitler y sus secuaces. Si él mañana cometiera un crimen abominable ¿sería la Iglesia Católica responsable por ese crimen? Además ¿debiera la Iglesia cargar con las faltas de todos los que–siendo católicos bautizados–han fallado en vivir de acuerdo con las altas normas morales y reglas éticas de la Iglesia?

Le dejo al lector la tarea de dar una respuesta sincera a esas dos simples preguntas.

No importa cómo juzguemos a la Iglesia en estos asuntos, hay un tema en particular que vale la pena considerar; su permanencia en la Historia por veinte siglos (cuarenta, si se cuenta el tiempo que tomó desarrollar sus raíces hebreas, de las cuales la Iglesia proviene.)

Aquí tenermos una institución singular, más vieja que cualquier orden político vigente en este mundo. Esta institución, la Iglesia, no solamente es antigua sino que declara trascender los límites de este mundo y ser parte de algo que está por encima de este mundo, ofreciendo como prueba el haber sobrevivido a los ataques y persecuciones más brutales de los últimos veinte siglos.

Yo diría que esa supervivencia, por sí misma, provee una buena razón para mirar largo y tendido al resto de sus pretensiones, especialmente cuando sabemos que la Iglesia no está compuesta por los seres humanos más puros, más talentosos o más fuertes que existen en este mundo. Este punto de vista en particular pone cabeza abajo a las demandas de los críticos que exigen pureza total. No sería para nada sorprendente que un grupo de hombres decentes, talentosos y fuertes sobreviviera contra viento y marea por veinte siglos. Lo asombroso es que–cuando miramos a la Iglesia–la vemos sobrevivir, sí, pero los puros, los talentosos, los fuertes son los que obviamente están en minoría.

Tan solo el asombroso hecho de su supervivencia contra todo pronóstico, debiera prevenirnos de tomar a la ligera cualquiera de las afirmaciones que la Iglesia hace.

La respuesta

Primeramente, la carta que recibí reclama ser una respuesta a mi artículo: Para traer belleza al mundo. Si recuerdo bien, allí no se menciona a la Alemania Nazi y me refiero a la Iglesia solamente en forma secundaria. ¿Por qué se responde a mi artículo por medio de traer a colación las supuestas faltas de la Iglesia durante la Segunda Guerra Mundial? ¿Es que no hay nada mejor que hacer que volver a sacar a la luz ese viejo bulo del anticatolicismo bolchevique?

La Alemania de Hitler: ¿Una nación mayoritariamente cristiana?

Nuestro crítico trata desde el principio de conectar el éxito del movimiento Nazi con el cristianismo diciendo que Alemania, al tiempo del gobierno de Hitler, era una nación mayoritariamente cristiana.

He oído decir numerosas veces que Alemania era el país con el mayor índice de alfabetismo en el mundo al tiempo de la llegada de Hitler al poder. Siguiendo ese tipo de razonamiento uno podría fácilmente culpar a la educación escolar por el advenimiento del bárbaro régimen Nazi. De hecho, uno pudiera echarle la culpa a cualquier cosa que Alemania fuera en ese momento: al consumo de cerveza, a los pantalones tiroleses, o las boinas bávaras. En este caso el acusador hace un vago reclamo a la mayoría cristiana de la población. Ahora bien ¿Se justifica esa conexión? De todas maneras Hitler no fue elegido por el pueblo alemán directamente. Se sabe muy bien que fue elegido canciller por medio de un acuerdo parlamentario cocinado en el Reichstag entre bambalinas. No hubo elecciones libres con Hitler como candidato por uno de los partidos. Hitler, en el momento de su ascención al poder, fue simplemente el hombre del momento en medio de una profunda crisis política y económica.

Ahora sabemos lo que es el fascismo y podemos condenar lo que Hitler eventualmente llegó a ser. La gente de Alemania no tuvo en ese momento el beneficio de saber las cosas que nosotros leemos hoy en las crónicas de la época. Además sabemos que, en un principio, el régimen de Hitler produjo algunos buenos resultados, amplificados en parte por el catastrófico fin de la República de Weimar. El gobierno de Hitler tenía al menos una pátina de legalidad y no es sorprendente que la Iglesia en Alemania le diera algún apoyo, tal como el pueblo alemán lo hizo. Al principio no era posible vislumbrar lo que pasaría años más tarde en 1939.

Así que podemos decir que sí, el nazismo encontró un terreno fértil en Alemania pero no porque los alemanes en su mayoría profesaran ser cristianos (con los católicos como una minoría.) El nazismo encontró un terreno fértil en Alemania porque el régimen anterior había fallado horriblemente, porque tanto la gente como los políticos temían la irrupción del comunismo y Hitler “cayó a tiempo” como restaurador del orden social y económico. Como se solía decir en esos días para justificar su permanencia en el poder: “Hizo que los trenes corrieran a horario.”

El cristianismo tuvo muy poco que ver con la ascendencia de Hitler al poder. La verdad es que, a nadie le gusta el caos y todos preferimos la prosperidad y no la miseria e inseguridad. En la primera parte de su gobierno, Hitler (así como Mussolini en Italia,) fue capaz de restaurar el orden público. Cualquiera de nosotros, de haber vivido en ese tiempo, hubiera aprobado su trabajo por sobre el desgobierno que lo precedió. Por supuesto, si el pueblo alemán hubiera visto en una bola de cristal los resultados futuros de la locura de Hitler ¡lo hubieran rechazado! Los primeros días del régimen fueron mayormente positivos, la tiranía vino después.

Más adelante en la carta, el autor profundiza en el supuesto apoyo de los cristianos por el régimen nazi. En mi opinión, se nota claramente que Hitler y sus seguidores no eran amigos del cristianismo. Hitler dejó registada su baja opinión del cristianismo en repetidas ocasiones, una que me llamó la atención es la siguiente:

“El islamismo hubiera sido mucho más compatible con nosotros que el cristianismo ¿por qué tuvimos que elegir el cristianismo con su fofa mansedumbre.” [2]

Es cierto que el Vaticano nunca excomulgó a Hitler a pesar de su comportamiento público. Como Hitler no estaba interesado en recibir la Comunión, su excomunión hubiera sido más bien un gesto inútil. Por otra parte, hay un aspecto de la operación de la Iglesia que el autor de la carta desconoce: el principio de respuesta proporcional. Hablaremos específicamente de eso un poco más adelante. Por el momento baste con decir que una medida espectacular como la excomunión de Hitler o el repudio de tratados diplomáticos precedentes no hubiera rendido beneficio alguno. Por el contrario, hubiera provocado una reacción violenta de parte de los Nazis. El Papa no es un teórico irresponsable que fulmina anatemas desde su torre de marfil. El es pastor de cientos de millones de almas y es su deber protegerlas. Hubiera sido estúpido que se retara a duelo con un régimen bárbaro, en una disputa inútil, que sólo podía resultar en muerte y sufrimiento para su rebaño. Es fácil apreciar por qué Pio XII evitó esa postura y se concentró en salvar tantos judíos y disidentes como fuera posible. Su política resultó en la salvación de más de 800.000 judíos que escaparon de la muerte cierta en los campos de exterminio nazis.

La respuesta proporcional

Durante los tiempos del Holocausto, Pio XII tuvo que lidiar con un crecimiento repentino del mal en el mundo. Al entrar en este conflicto tuvo que tomar decisiones críticas. Tuvo que determinar si una buena acción (como por ejemplo lanzarse a discursar en contra de las atrocidades) eliminaría la maldad o causaría peores problemas.

La historiadora católica Margherita Marchione[3] reporta que durante una audiencia privada con el Cardenal Paolo Dezza en diciembre de 1942, Pio XII mencionó su frustración con algunos que lo presionaban para hablar de las atrocidades nazis. Aquellas personas no entendían que los nazis estaban esperando escuchar la más ligera reacción del Vaticano para golpear aún más fuerte. La manera de operar de la Santa Sede siempre se ha caracterizado por su prudencia, por ejemplo durante la Revolución Bolchevique en Rusia. Los nazis eran un nuevo enemigo con tácticas similares a las de los bolcheviques. Por supuesto, el Papa no podía ni siquiera mencionar el esfuerzo secreto que estaba haciendo por sacar tantos judíos como fuera posible de los territorios ocupados por los nazis. Tuvo que llamarse a silencio para evitar que pasara algo peor. Esta decisión no fue enteramente del Papa. Los obispos de Polonia y Alemania le pedían que no mencionara esos problemas públicamente para no provocar una medida retaliatoria de parte de los nazis. Se acordaban de la sangrienta represalia de Hitler como resultado de una carta de los obispos de Holanda. Hitler nunca respondió a esa carta con palabras. Lo que hizo fue desatar una campaña brutal de deportación en Holanda en la que miles de católicos y judíos murieron, incluyendo la monja Edith Stein y Anne Frank. La Iglesia en Europa entendió el “mensaje” de Hitler.

Mientras tanto, dentro de Roma y por toda Europa, las conventos y monasterios abrían sus puertas para esconder miles de judíos. En Roma, cientos de judíos eran alimentados diariamente por el Vaticano durante la ocupación alemana de Italia. El Vaticano rescató a muchos de ellos por medio de pagar rescates en oro. Como testimonio de esos actos bien documentados de generosa caridad, tenemos el ejemplo del Gran Rabino de Roma, Eugenio Zolli (n. Israel Zoller.)

Eugenio ZollerEl 5 de julio de 1944, Rabbí Zoller fue recibido por Pio XII. Notas tomadas por el Secretario de Estado Vaticano, Giovanni Battista Montini (quien llegaría al papado como Paulo VI) muestran que el rabino le agradeció al Santo Padre por todo lo que hizo para salvar a la comunidad judía de Roma. Su agradecimiento fue transmitido por radio. El 13 de febrero de 1945, el rabino Zolli fue bautizado por el Obispo Auxiliar de Roma, Monseñor Luigi Traglia, en la iglesia de Santa María degli Angeli. En agradecimiento a Pio XII, Zolli tomó el nombre cristiano de Eugenio (el nombre de bautismo del Papa era justamente, Eugenio Pacelli). Un año más tarde la esposa de Zolli y su hija fueron también bautizadas. Al principio de la Segunda Guerra Mundial, la primera encíclica de Pio XII resultó ser tan claramente anti-nazi que la Real Fuerza Aérea Británica y la Fuerza Aérea Francesa dejaron caer 88.000 copias de la misma sobre toda Alemania. [4] Esto jamás hubiera sucedido si el Papa hubiera sido un aliado secreto de Hitler.

The Zentrum coalition and the Nazi Leaders

La carta acusatoria menciona que el Partido Zentrum y algunos de sus líderes eran católicos o por lo menos, cristianos. Es cierto que Hitler hasta habló de una “Nueva Cristiandad” y llegó a comparar a sus tropas con los Santos Cruzados de tiempos antiguos…¡Vaya! ¿Mentiras y manipulación saliendo de los labios de un político? ¿Qué es esto?¡Estoy asombrado! Me pregunto si esto podría volver a suceder [5]

Hasta en el propio texto de la carta acusatoria encontramos la declaración:

“El Partido Católico Zentrum se había opuesto al Vaticano en los años de la década de 1920 al formar una coalición con los secularistas moderados de la izquierda socialdemócrata.”

Para empezar, el Zentrum nunca fue un partido católico ni llevó la palabra “católico” en su denominación. Segundo, Zentrum no esperó la señal de Vaticano para actuar. Como el autor de la carta correctamente afirma, el proceder político de Zentrum no era del agrado de la Santa Sede. Cómo puede ser que esto sea interpretado como que “los católicos” resultaron de importancia “instrumental” en el ascenso de Hitler al poder… está más allá de mi comprensión.

Recapitulemos brevemente. En esos días nadie sospechaba lo que Hitler estaba por hacer. Considerando la situación al final de la República de Weimar, el nacionalsocialismo era la única tabla de salvación que Alemania tenía a mano para evitar hundirse en un caos peor. Se aferraron a ella con ganas, no porque los católicos “lo hicieron aceptable” sino porque las otras opciones eran caos a la derecha y dictadura comunista a la izquierda.

La carta menciona correctamente que las últimas elecciones fueron en 1934. Después de eso Hitler solamente cedería el poder a Martin Bormann en 1945, unas horas antes de suicidarse junto a Eva Braun. Me animo a decir que fue el Partido Comunista Alemán el que fue indirectamente “instrumental” en poner a Hitler en el poder, ya que los alemanes no querían terminar como Rusia.

El concordato de 1933

El concordato entre el gobierno nacionalsocialista alemán y la Iglesia Católica debe ser entendido en su contexto histórico. En 1933 el fascismo no había mostrado aún sus verdaderos colores. El comunismo, sin embargo, amenazaba desde el este y la preocupación de la Iglesia era contenerlo antes de que se apropiara del corazón del continente.

Alemania, de todos los países de Europa, era el que tenía el partido comunista más activo y posiblemente, el más numeroso. El hombre que negociaría el primer concordato con el Kaiser fue Eugenio Pacelli, quien luego llegó al papado como Pio XII. El concordato fue firmado con Bavaria en 1925 y fue un esfuerzo de la Iglesia para asegurar la libertad de profesar la religión católica. No hubo nunca una dispensación o aprobación del régimen del Káiser o del posterior régimen de Hitler.

En ambos casos la Iglesia simplemente trató de asegurar un nivel de libertad religiosa para sus fieles. Después del asesinato del gobernador Kurt Eisner en 1919, muchos de los líderes religiosos y políticos dejaron Bavaria. No lo hizo así el Cardenal Pacelli, quien fue siempre popular y muy querido hasta que fue enviado a la nunciatura en Berlín en 1925.

Mussolini y HitlerAl tiempo de su partida, las calles se llenaron de simpatizantes que agitaban pañuelos al paso del nuevo Nuncio Papal. Todos esperaban que un concordato iba a ser firmado pronto y que el nuevo nuncio protegería los derechos de los católicos de educar a sus hijos en la fe y practicar su religión en paz. Se llegó a un acuerdo en 1929, sin embargo los nazis violaron sus términos apenas unas semanas más tarde. A pesar de eso, los nazis no eran considerados peligrosos hasta ese tiempo. El verdadero peligro eran los comunistas que habían tomado a Rusia, persiguiendo y matando cristianos. Los fascistas de Italia y los nazis de Alemania eran entonces considerados como una de las mejores opciones contra el comunismo. Recordemos que la Segunda Guerra Mundial no comenzaría sino hasta 1939. Si comparamos a los nazis con los seguidores de Mussolini en esa época, eran los fascistas italianos los más virulentamente anticatólicos–aunque fuera solo en la retórica y no en los hechos concretos.

Puesta entre la espada y la pared, la Iglesia eligió enfocarse en exponer los errores del fascismo. No podían crear un partido político alternativo para ofrecer una opción católica a las fuerzas políticas en juego en la Europa de esos tiempos. Sólo los Estados Unidos y los Aliados fueron capaces de obligar al continente a olvidar esas falsas opciones, después de una guerra sangrienta y dos décadas de ocupación ¿Cómo se puede esperar que el Papa pueda haber logrado el mismo objetivo por medio de simplemente condenar a esos regímenes bestiales?

Para informar a los mal informados

—Oponerse a todas las instituciones humanas por ser “organizaciones” sean éstas gubernamentales o religiosas no es algo prudente. Solo un pueblo libre, sabio y formado moralmente puede dar su consentimiento (y vigilancia) tanto en lo político como en lo religioso. La religión ha precedido al estado en la formación moral e intelectual de las sociedades desde los albores de la historia. Sin un límite moral, no hay sociedad que pueda mantener el orden aún recurriendo al terror y la fuerza extrema.

—Durante el siglo XX, numerosos sabios han dejado claro que la religión–o culto–es lo que ocupa el centro de cada cultura que el hombre ha conocido. Sin “religión organizada” que se contraponga al gobierno, todos los gobiernos inevitablemente se atribuyen las características de la religión organizada. Para quienes no ha leído la obra de Hobbes Leviathan en ella se puede aprender bastante sobre este tema.

—La separación entre Iglesia y Estado existe en su forma más robusta en los estados cristianos y menos bajo otras religiones. Una iglesia fracturada por la Reforma Protestante impidió a los alemanes el poder hablar con una sola voz. Una Iglesia Unida pudo haber ofrecido una oposición más vigorosa contra Hitler cuando éste comenzó a mostrar sus verdaderas intenciones.

—Fue Bismarck el que comenzó el proceso de extirpar el cristianismo de la cultura alemana en los 1870. Sus intentos de eliminar la potencia cultural y política de la Iglesia Católica en Alemania–el así llamado Kulturkampf (lucha cultural)–fueron parcialmente exitosos. Por otra parte, sus esfuerzos contra los socialdemócratas (Sozialistengesetze) no dieron resultado, aunque fue durante su gobierno que Alemania instauró leyes sociales consideradas progresistas para la época. Alemania llegó a estar casi completamente secularizada para el tiempo en que Hitler llegó al poder. El marxismo había llegado a ser como una religión para la izquierda, con los judíos puestos en el rol de chivo expiatorio.

—Decir que Alemania estaba en cualquier forma “bajo la fuerte influencia” de la Iglesia Católica es un bulo que contradice toda la evidencia histórica y el comentario social de los cronistas y testigos de esa época. Si Martin Heidegger estaba “bajo la influencia católica,” ¡yo puedo ser Papa! En cuanto a los otros, cualquiera puede considerarse católico ¿Acaso no hay ‘católicos’ en el Congreso de los Estados Unidos que apoyan el aborto? ¿Desde cuándo sucede que la Iglesia entera es políticamente responsable por cualquier cosa que cualquiera haga individualmente en oposición a la doctrina de esa misma Iglesia?

—Ya en 1891, León XIII en la encíclica Rerum Novarum condenó el socialismo.

—Tanto Pio XI como Pio XII se expresaron claramente y en forma contundente contra el comunismo y el socialismo y contra toda forma de totalitarismo. El nazismo en una forma de socialismo como bien lo expresa su nombre Nacional Socialismo Alemán. Ver para mayores precisiones, la encíclica de Pio XI Mit Brennender Sorge (Con ardiente ansiedad.)

—En 1937 en las encíclicas Comunismo Ateo y Mit Brennender Sorge Pio XI condenó explícitamente al socialismo, incuyendo al nacionalsocialismo aunque no lo nombrara. Que luego Pio XII no nombrara tampoco directamente a los nazis fue una sabia restricción. Como dijo una vez Stalin “¿Cuántas divisiones tiene el Papa?” Pío XII no tenía medio físico alguno para proteger a sus fieles expuestos a la represalia de los Nazis. Recordaba muy bien lo que había pasado en Holanda cuando los obispos holandeses condenaron la invasión Nazi. Es obvio que Mit Brennender Sorge apuntaba a los nazis: estaba escrita en alemán y fue específicamente distribuída a los obispos alemanes con instrucciones de leerla a los fieles en todas las parroquias católicas.Pio XII en Radio Vaticana

—La prudencia ejercida por Pio XII permitió a la Iglesia colaborar en la salvación de 800.000 judíos europeos que se enfrentaban a un exterminio seguro ¿Por qué, en vista de todo el reconocimiento favorable de judíos prominentes la KGB y los progres del mundo comenzaron una campaña de mentiras contra la Iglesia y el Papa?

Para aquellos interesados en leer más sobre los orígenes de la leyenda del “Papa de Hitler” existe un artículo escrito por el ex-operativo de la KGB en Europa Oriental, Ion Mihai Pacepa: El ataque soviético contra el Vaticano

Sin bases históricas honestasEl autor de la carta se niega mostrar evidencia histórica concreta que dé soporte a sus afirmaciones, por ejemplo: citas de historiadores reconocidos y otras fuentes respetables. Su carta copia profusamente de una diatriba aparecida en SECULARHUMANISM.ORGhasta el punto de respetar las faltas de ortografía del original. El estilo “corta y pega” del ensayo es sin embargo uno de sus menores defectos. La deshonestidad intelectual aparece en diversas formas pero esta carta no es deshonesta. No hay peligro de confundir al autor con un “académico profesional” y eso no es solamente debido a la conspicua ausencia de documentación y su contradicción frontal con la historia conocida, sino por el candor con el que admite que su escrito es el producto de sus prejuicios. El mismo declara que sus escritos son una mera opinión, una diatriba contra las cosas que a él no le gustan ¡Que nadie lo moleste recordándole hechos concretos! Ver por favor un breve e interesante análisis gráfico de los hechos en la siguiente ilustración:

Alemania: Distribución del voto nacionalsocialista y de la población católica en 1934. [6]

Comparación entre la distribución de la población católica y el voto nacionalsocialista en las elecciones de 1934

¿De dónde le viene la bronca al acusador? Quizás es que la Iglesia no ha hecho nada por él últimamente. Hay muchos, especialmente aquellos que son de tendencias progresistas, que quisieran que la Iglesia desaparezca. No quieren saber nada con la “religión organizada” que les recuerda el estilo de vida que han elegido. Desean tener un mundo sin puntos de referencia moral aparte de la propia opinión ¿Por qué les molesta la Iglesia? ¿Es que la Iglesia marcha diariamente frente a sus hogares reclamándoles que se comporten de manera cristiana? Ciertamente no.

Lo que les molesta es la existencia misma de la Iglesia. Así como la luz de la mañana puede ser molesta para alguien que sufre la resaca de una borrachera, así la doctrina cristiana le duele a aquellos que aún retienen un poquito de conciencia.

La Iglesia, sal en la herida de la conciencia progresista

Desde los tiempos de la Reforma Alemana sigue creciendo el número de atacantes que desean difamar a la Iglesia Católica

Al comenzar he llamado la atención al hecho—irrefutable, en mi opinión—que la Iglesia ha estado activa por más tiempo que ninguna otra institución humana, firme como una roca. Nunca le han faltado enemigos poderosos ni tiempo para enterrarlos. Los césares de Roma han pasado y con ellos su orgulloso imperio; los iluministas se han ido y sus filosofías han sido mayormente reemplazadas por nuevas formas de pensar, más radicales y agresivas; Napoleón ya no es, tampoco están Hitler o Stalin… se los llevó el viento de la historia y nunca regresarán. Pero la Iglesia sigue ahí con sus flaquezas humanas, sus fallas, sus grandes triunfos y derrotas, sus santos y sus pecadores. La permanencia de la Iglesia es un misterio que subraya una sola cosa: su trascendencia. Florece en el mundo porque no es de este mundo. Y si ese otro mundo existe, entonces esta realidad que ahora vivimos, tarde o temprano se nos revelará, quizás en el momento final de nuestras vidas o, para nuestro asombro, en el minuto inimaginable en que llegue el fin de los tiempos.

Nada puede azuzar la conciencia del materialista o del hedonista tanto como esa enorme montaña que se niega a caer y que no puede ser retirada del paisaje. Para ellos es imperativo eliminar esa visión por cualquier medio. No saben que están luchando contra sí mismos, contra los resavios de esa voz que los llama a la paz y el descanso del hogar. Cuando esa voz ya no se escuche, la montaña seguirá allí pero no como un signo de esperanza, sino como la medida de las profundidades de la perdición.

Traducido por Carlos Caso-Rosendi

Título del original en inglés: It’s the Season to Accuse

Para confirmar con claridad la posición de Pio XII durante la guerra, recomiendo leer este artículo (en inglés): British Historian Defends Pius XII. Un breve artículo adicional, recientemente publicado El embajador israelí admite que Pio XII salvó a miles de judíosen el diario ABC de Madrid.

http://www.abc.es/20110623/internacional/abcm-embajador-israeli-admite-salvo-201106231817.html

Referencias

[1] Carta en respuesta al artículo Para traer belleza al mundo por el Sr. G.B. La he dejado en inglés sin traducir para evitar suspicacias y para que se pueda fácilmente apreciar que los argumentos fueron meramente pegados de un sitio secularista de poca o ninguna importancia.

This note deals solely with Christianity and Nazism. My subsequent notes will take up a single issue. First, Nazism found fertile ground in Germany, an overwhelmingly Christian country. Most Germans at the time of Nazism’s original ideological propagation were Christians, at least on paper. If Germany’s Christians were opposed to Nazism their opposition was insufficient to prevent it’s growth and dominance. And certainly Nazism’s adherents, before and during Hitler’s reign, in civil society as well in the government came from the ranks of Germany’s Christians (whether they were devout or casual). Hitler himself was a Catholic. He never publicly renounced or repudiated his Catholicism. Nor did the Vatican ever excommunicate him for his crimes against humanity. Also Catholic were: Heinrich Himmler, Reinhard Heydrich, Joseph Goebbels and Rudolf Hess, who as commandant at Auschwitz-Birkinau pioneered the use of the Zyklon-B gas. Hermann Goering had mixed Catholic-Protestant parentage, while Rudolf Hess, Martin Bormann, Albert Speer, and Adolf Eichmann had Protestant backgrounds. Despite Catholicism’s minority status (about a third of the population), it was German Catholics and the Roman Catholic Church that put total power in the Nazis’ hands. The Catholic Zentrum party had antagonized the Vatican during the 1920s by forming governing coalitions with the secularized, moderate Left-oriented Social Democrats. This changed in 1928, when the priest Ludwig Kaas became the first cleric to head the party. Kaas and other Catholic politicians participated both actively and passively in destroying democratic rule, and in particular the Zentrum. Next, the Catholic (and stoutly right-wing) chancellor Franz von Papen engineered the key electoral victory that brought Hitler to power: he dissolved the Reichstag in 1932, then formed a Zentrum-Nazi coalition. In 1933 he made Hitler chancellor and stepped down to the vice chancellorship. Without Papen’s aid, Hitler’s aggrandizement would have been much less likely. The Catholic Church in Germany congratulated Hitler when he assumed power (you could look it up). German bishops released a statement that nullified all previous criticism of Nazism by proclaiming the new regime acceptable. They also ordered the laity to be loyal to Hitler’s regime just as they had commanded loyalty to previous regimes. So, Catholics were instrumental in bringing Hitler to power and subsequently served in his cabinet and later throughout the totalitarian state apparatus including the SS of which they comprised 25 percent by the end of WWII. This was a volte face for the Catholic Church and it was a profound realignment as the Catholic vote for the Nazis increased in the last multi-party elections after Hitler assumed control, I believe in 1934. After the Reichstag fire, the Zentrum voted en masse to support the infamous Enabling Act, which would give the Hitler-Papen cabinet executive and legislative authority independent of the German Parliament. It was the Catholic Zentrum’s bloc vote that cemented the two-thirds majority needed to pass the Act. (Most German Catholics, like most German Christians, were dubious of democracy. The fact is: the Christian German electorate democratically voted to empower Hitler dictatorially.) Next came Hitler’s first foreign policy coup: the Concordat of 1933 between Nazi Germany and the Vatican. In courting the Vatican, Hitler emphasized his own Catholicism. At the time the Vatican was comfortable with fascism having negotiated a Concordat with Mussolini in 1929. Kaas, Papen, the future Pope Pius XII and the sitting Pius XI were the principal negotiators of the Concordat. Most German bishops gave their approval to the pact. A few bishops objected. Catholic criticism of the Nazi regime, such as it was, cited its lack of morality, but never its lack of democracy. With the signing of The Concordat in 1933, the Catholic Church supported the new dictatorship with its explicit endorsement of the end of democracy and free speech in Germany. The agreement bound the church’s German bishops to the Third Reich by means of a loyalty oath. In exchange the church received: tax advantages, protection for church privileges and reinstatement of religious instruction and prayer in school. Naturally, criticism of the church was forbidden. And there is no record of the Catholic Church ever having attempted to revoke the Concordat and its loyalty clause during Hitler’s regime. I believe the Concordat is the only diplomatic accord negotiated with the Nazis that actually remains in effect. (However, I’m not certain of this fact.) So, with the rise of the German total state, the police state as it were, German Christians mostly joined, supported, collaborated with, or otherwise accommodated Nazism’s tyranny. Ditto for Germany’s Mormons, and Seventh Day Adventists. On the the intellectual level the eminent philosophers Martin Heidegger and Karl Schmitt, both Catholics, were also Nazis and provided additional prestige for Nazism’s ideological and philosophical principles. Scholars believe that as rector of Freiburg University, Heidegger sought to become Nazism’s spiritual and intellectual leader. Maybe so. Anyway, his writings during the period of the Third Reich indicate he believed Nazism would bring about a new world philosophical point-of-view similar to that which the intellectual accomplishments of ancient Greece initiated. Catholicism and Nazism were perfectly consistent with Schmitt’s view that authority, order and the definition of who one’s enemies and friends are in the struggle to control scarce resources is the aim of political and civil life. Well, broqui I’ve already spent more time than I’d planned to allocate (and exceeded my brevity limits) in compiling this brief record of Christianity’s complicity with Nazism. My essay is based on my own casual (not scholarly) examination of the historical records (over a period of decades) of the era. Since I’m not a full-time academic I can’t supply a comprehensive set of footnotes citing chapter and verse of my source materials. (I literally don’t have time to comply with your request to do so.) In the interest of fairness I will admit my biases: I don’t trust government, any government. I don’t trust organized religions, any organized religions. I’m disposed to look for the worst in both institutions. In the case of the Catholic Church and its relationship with Nazism I don’t have to look far or deep as far as I’m concerned. If the facts of its relationship with Nazism (rather than various interpretations of those facts) are otherwise I will stand corrected and appropriately contrite for having defamed and slandered that institution for its role for all these years.

Referencias adicionales

[2] Righteous Gentiles: How Pope Pius XII and the Catholic Church Saved Half a Million Jews from the Nazis (2005), publ. Spence Publishing. Ronald J. Rychlak, MDLA Profesor de Leyes y Decano Asociado de Asuntos Académicos de la Universidad de Mississippi.

[3] Pope Pius XII: Architect For Peace, Margherita Marchione publ. Gracewing, 2000.

[4] The Myth of Hitler’s Pope: How Pope Pius XII Rescued Jews from the Nazis por el Rabino David G. Dalin, Washington, D.C., publ. Regnery Publishing Co., 2005.

[5] Sarcasmo—la referencia es para quienes no lo notaron.

[6] Figuras A y B. Una interesante comparación que muestra la distribución del voto Nazi (A) y la distribución de la población católica. Resulta obvio que cuanto más católica es el área de residencia, menor es el apoyo recibido por los nazis. En la figura (B) las partes más oscuras representan areas en las que los católicos son mayoría.En el sur, Bavaria, la región tradicionalmente católica. El centro de Alemania es donde normalemente los protestantes son mayoría. Nótese la parte noroeste de Alemania, Prusia oriental y occidental. Prussia es totalmente protestante excepto el centro, el Ermland. Las partes sombreadas son más católicas y las más claras son mayormente protestantes. Entonces como ahora, el cristianismo “nominal” era y es más común entre los protestantes.

Fig. A – Porcentaje de votos nacionalsocialistas, 31 de julio de 1932. Promedio nacional: 37,4%

(1) Area más oscura (Voto nacionalsocialista superior al 50%)
(2) Area con rayas horizontales (Voto nacionalsocialista entre 40%-50%)
(3) Area con rayas verticales (Voto nacionalsocialista entre 37,4%-40%)
(4) Area con puntos (Voto nacionalsocialista entre 35-37,5 %)
(5) Area blanca (Voto nacionalsocialista entre 0% up to 35%)

Fig. B – Porcentaje de católicos en Alemania. Censo de 1934

(1) Area más oscura (población católica 85%-100%)
(2) Area con rayas horizontales (población católica 70%-85)
(3) Area con rayas verticales (población católica 50%-70%)
(4) Area con guiones horizontales (población católica 40%-50%)
(5) Area con puntos oscuros (población católica 30%-40%)
(6) Area blanca (población católica 0%-30%)

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