La estrella

starCorría el mes de Diciembre del 2008. Era una gélida tarde de domingo en Virginia, un par de semanas antes de la Navidad. Me dispuse a disfrutar de una buena taza de té y a ver un poco de televisión. Antes que nada sintonicé EWTN, el canal de la Madre Angélica, también conocido en español como Red de la Palabra Eterna. Un programa terminaba y anunciaban una presentación sobre la Estrella de Belén. Me dispuse a verla, pensando anticipadamente que iba a ser una presentación devocional sobre el significado de la Estrella; Dios llevándonos a Jesús nacido en el humilde pesebre en la ciudad de David, la “beth-lehem,” o “casa del pan.” Nunca estuve tan equivocado.

Ese programa no fue para nada devocional. Resultó ser una demoledora prueba de la Divinidad de Cristo y de la inspiración de las Sagradas Escrituras. Hoy entrego un resumen de aquella presentación, agregando aquí y allá algunos detalles interesantes sobre la historia de la Astronomía y algunas otras cosas. Animo a quienes pueden obtener el DVD a obtenerlo y familiarizarse con él, porque es un arma estupenda para defender la fe.

Dos caminos que son uno

En el primer artículo de esta serie consideramos La Anomalía Abrámica y nos preguntábamos cómo pudo ser que Abraham supiera, cuarenta siglos antes de Hubble, que el Universo tuvo un principio cuando todas las culturas de su época consideraban que el mundo y el Universo siempre habían existido. La respuesta es, por supuesto, la revelación por Dios. Sin embargo, los ateos y escépticos encuentran siempre lugar para sembrar dudas y hasta poner en tela de juicio la razonabilidad de la revelación divina. Sin embargo, la ciencia seria viene en ayuda de la revelación. Y en el caso de Abraham, finalmente el avance de los medios de investigación permitieron demostrar que, efectivamente, el Universo tuvo un principio y que cierto número de constantes cósmicas indican la ocurrencia de una serie de singularidades que apuntan claramente a una realidad metafísica, tanto en las observaciones de los astrónomos como en las matemáticas que se usan para verificarlas.

En casos como ese, se puede llegar a la verdad por medio de la revelación divina o por medio de la investigación metódica. La religión cristiana indica desde el principio que no puede haber contradicción alguna entre la Revelación y la evidencia en la Creación.

Un interrogante, un misterio

Y entrando en el tema de la estrella de Belén encontramos nuevamente las mismas dos posiciones ¿Hubo realmente una estrella o fue un invento piadoso de la Iglesia temprana? Los cristianos que creen en la inerrancia de la Biblia creen en la estrella porque la Biblia lo dice y no piensan mucho más sobre el asunto. Otros la descartan como una imposibilidad astronómica que tiene que haber sido inventada para reforzar la historia del nacimiento de Jesús en los Evangelios.

Ahora vivimos en un momento en que los conocimientos de astronomía y el avance de las ciencias de computación permiten crear modelos astronómicos que pueden mostrar el desplazamiento de planetas y estrellas según se observan desde nuestro planeta. Esta conjunción de conocimientos es relativamente nueva. Primeramente los avances en la ciencia óptica desde el siglo XVI en adelante fueron permitiendo hacer observaciones astronómicas cada vez más precisas.

Científicos como Tycho Brae y Johannes Kepler fueron los primeros en producir fórmulas matemáticas que describieran las órbitas de los planetas. Las leyes del movimiento planetario descubiertas por Kepler siguen siendo perfectamente útiles y aplicables hoy. Es el conocimiento de esas leyes las que permiten que podamos enviar una sonda espacial a un planeta lejano sin fallar. Hoy esas mismas leyes han sido usadas para crear software que nos permite simular en nuestro ordenador el movimiento de los cuerpos estelares en el firmamento terrestre. Las leyes descubiertas por Kepler son tan precisas que podemos predecir cómo se verá el cielo en el futuro y también podemos calcular cómo se vió el cielo en los siglos pasados. Un ordenador común con el software apropiado nos permite hacerlo en forma casi instantánea.

Kepler era un creyente cristiano. Una de las primeras cosas que hizo cuando descubrió estas leyes astronómicas, fue tratar de descifrar el misterio de la estrella de Belén. Lamentablemente Kepler calculó la posición de las estrellas en el año incorrecto, pues estaba usando una referencia histórica que contenía errores; La Antigüedad de los Judíos del historiador Flavio Josefo. En vez de buscar en 1 a.C. Kepler calculó la posición de las estrellas en 4 a.C. porque la copia de las obras de Flavio Josefo que Kepler tenía a mano, contenía un error y daba una fecha equivocada, reportando la muerte de Herodes en 4 a.C. en vez de 1 a.C. Kepler no pudo encontrar la estrella porque estaba buscando en el año equivocado y porque calculaba todo manualmente. Nosotros tenemos la posibilidad de usar un poderoso ordenador que calcula en segundos lo que le hubiera tomado a Kepler unas cuantas semanas. Además tenemos mejores datos históricos que aquellos de los que Kepler disponía. Cuando examinamos los cielos entre los años 1 a.C. a 3 a.C. la actividad astronómica es asombrosa.

En el libro de Job, el libro más antiguo de la Biblia y que probablemente antecede al mismo Abraham, Dios declara que El es el que hizo las constelaciones de estrellas:

El manda al sol que deje de brillar y pone un sello sobre las estrellas. El solo extiende los cielos y camina sobre las crestas del mar. El crea la Osa Mayor y el Orión, las Pléyades y las Constelaciones del sur. (Job 9, 7-9)

¿Anudas tú los lazos de las Pléyades o desatas las cuerdas del Orión? ¿Haces salir las Híadas a su tiempo y guías a la Osa y sus cachorros? ¿Conoces las leyes de los cielos? ¿Regulas su dominio sobre la tierra? (Job 36, 31-33)

Siglos más tarde la misma Voz le pregunta a Isaías:

“¿A quién me asemejaréis, para que yo me iguale a él?” dice el Santo. Levantad los ojos a lo alto y mirad: ¿quién creó todas estas cosas? El que hace salir a su ejército uno por uno y les llama a todas por su nombre: ¡Su vigor es tan grande, tan firme Su fuerza, que no falta ni una sola! (Isaías 40, 25-26)

Y luego habla en los Salmos:

El cielo proclama la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos; un día transmite al otro este mensaje y las noches se van dando la noticia. Sin hablar, sin pronunciar palabras, sin que se escuche su sonido, por toda la tierra se extiende su voz y sus palabras llegan hasta los confines del mundo. (Salmo 19, 1-5)

Ese es el mismo Salmo que cita San Pablo a los Romanos, enseñándonos que los cielos tienen la capacidad de enseñar el mensaje divino:

La fe, por lo tanto, nace de la predicación y la predicación se realiza en virtud de la Palabra de Cristo. Yo me pregunto: ¿Acaso no la han oído? Sí, por supuesto: Por toda la tierra se extiende su voz y sus palabras llegan hasta los confines del mundo. (Romanos 10, 17-18)

El mismo Jesús nos dice en Lucas 21, 25: “Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas…”

Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron:

“¿Dónde está el Rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarle”. Mateo 2, 1-2

Los magos de Oriente, de algún modo dedujeron de sus observaciones astronómicas que había nacido un rey de los judíos y que no era un rey como cualquier otro. Dicen que han visto su estrella “elevarse en el oriente” en griego nombre sustantivo, dativo singular femenino; anatole an-at-ol-ae’: crecimiento o elevación de la luz, i.e. la aurora (figurativamente); implícitamente, ‘al oeste’ (también en plural) — amanecer, oriente, elevación. La expresión es claramente la de un observador de los cielos. La mayoría de las estrellas se elevan sobre el oriente debido a la rotación natural de la tierra, pero no todas lo hacen, por ejemplo Polaris en el hemisferio norte. Que los magos quisieran homenajear al nuevo rey de los judíos puede ser una indicación de que fueran miembros de una comunidad judía residente en Persia o Babilonia, una de las muchas comunidades hebreas dispersas desde los tiempos del antiguo exilio.

San Mateo reporta que tanto la corte de Herodes como la población de Jerusalem fueron perturbados por este anuncio. Es obvio que tres extranjeros que aparecen con una noticia de dudoso origen no podían causar semejante disturbio. Debe haber habido algo más. Ese ‘algo más’ es la estrella.

En esos tiempos el cielo nocturno estaba limpio de la contaminación lumínica moderna y por lo tanto se podían apreciar claramente las estrellas de mayor magnitud en una noche clara, como son normalmente las noches en el Oriente Medio. El rey y el pueblo de Jerusalén podían ver la estrella claramente en el cielo nocturno y esta estrella brillaba con fuerza inusual. De ahí la preocupación de Herodes y sus súbditos que recuerdan entonces la profecía de Miqueas que indicaba que el Mesías iba a nacer en Belén de Judea, la aldea natal del Rey David.

De la corte de Herodes, los magos salen camino a Belén, según Mateo reporta, la estrella “iba delante de ellos.” Esto es llamativo porque para encontrar a Belén no hace falta ninguna guía especial. Belén está a unos siete kilómetros al sur de Jerusalén y el camino recto que conduce a Belén es antiquísimo. Se puede ver Belén desde Jerusalem aún en nuestros días. Lo que aprendemos del reporte de Mateo es que la estrella debió estar delante de los magos cuando estos salieron de Jerusalem hacia el sur, camino de Belén. Esta estrella no aparece y desaparece brevemente sino que persiste durante el tiempo de su aparición (en el oriente) y durante el largo viaje de los magos (unos 1.000 kilómetros) y su estada en Judea. La estrella debe haber permanecido en los cielos durante unos nueve meses para poder abarcar todos estos eventos coincidentes con el relato de San Mateo.

El evangelista reporta que la estrella “se detuvo” sobre el lugar donde estaba el Niño. Estas diferentes características de la estrella nos permitirán identificarla luego cuando podamos examinar los cielos sobre Jerusalén en la época correspondiente. No puede ser un meteoro o cometa porque permanece y se establece sobre el horizonte de Belén. Para los que tienen conocimientos de astronomía, parece que nuestra estrella, la brillante guía de los magos puede ser uno de los planetas.

El planeta más grande del sistema solar es Júpiter, llamado así desde tiempo inmemorial como el rey de los planetas al que los antiguos equipararon con el padre de los dioses paganos. Usaremos el excelente software “Starry Night” para recalcular el aspecto de los cielos en esos años. Visto desde la perspectiva de Babilonia (hoy unos 100 km. al sur de Bagdad, Irak) unos nueve meses antes del nacimiento de Jesús (ya estableceremos eso) vemos que Júpiter se eleva desde el centro del horizonte oriental en un ángulo de aproximadamente 45 grados, día tras día. Nada muy sorpredente en esto.

Lo curioso es que el camino de Júpiter (rey de los planetas) coincide en ese tiempo con Régulus (el “pequeño rey” en latín, lo mismo en el idioma de Babilonia, Sha-Ru.) La coincidencia del planeta rey y de la estrella rey ya es sugestiva. Para los magos esta conjunción significa “rey”. La conjunción no ocurre frecuentemente. En su vida los magos pueden haber visto esta conjunción apenas dos o tres veces. En este caso Júpiter parece describir un círculo triple alrededor de Régulus debido al particular movimiento de la tierra con respecto al rey de los planetas. Esta triple conjunción astral es muy rara y es posible que los magos fueran los primeros en observar un acontecimiento tan raro. Para ellos, la triple conjunción les dice: rey-rey-rey.

En Génesis 49, 9-10 se predice que los reyes de Israel vendrán de Judá. El símbolo de Judá es un león. Régulus coronado en conjunción con Júpiter coincide con la constelación de Leo, el león. Otro signo que se agrega a la conjunción real. En el Apocalipsis 12, 1-5 San Juan nos describe un signo en el cielo, una mujer vestida del sol da a luz a niño-rey, Jesús el Rey de Reyes. La mujer es María y el dragón es—en este caso—Herodes, que hace el trabajo de la serpiente original, esperando que nazca el Mesías para matarlo. Al tiempo de nuestra observación, la constelación de Virgo (la Virgen) se eleva sobre el horizonte, agregando un poderoso peso simbólico a toda la historia que vemos desarrollarse en los cielos.

Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza. Estaba embarazada y gritaba de dolor porque iba a dar a luz. Y apareció en el cielo otro signo: un enorme Dragón rojo como el fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y en cada cabeza tenía una diadema. Su cola arrastraba una tercera parte de las estrellas del cielo, y las precipitó sobre la tierra. El Dragón se puso delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo en cuanto naciera. La Mujer tuvo un hijo varón que debía regir a todas las naciones con un cetro de hierro. Pero el hijo fue elevado hasta Dios y hasta su trono. (Apocalipsis 12, 1-5)

Leo el león y Virgo se elevan representando poderosamente la visión de Juan en los cielos al tiempo de la Anunciación siempre mirando desde la perspectiva de los magos que observan al cielo en la dirección de Israel. Siempre desde este punto de observación, es en el tiempo de la concepción de Jesús que ocurre lo más increíble, los planetas Júpiter y Venus entran en conjunción y aparecen al ojo humano como un solo cuerpo brillante en el cielo.

Ahora bien ¿Cómo pudo “detenerse” Júpiter sobre Belén y dar la impresión que recibieron los magos ya observando desde Jerusalén hacia el sur? Esa aparente “detención” de Júpiter se debe a lo que en términos astronómicos se llama “movimiento retrógrado” un fenómeno que hace aparecer a ciertos cuerpos celestes como moviéndose hacia atrás en el cielo, volviendo sobre sus pasos. La ilusión se debe a que el observador terrestre está parado sobre una plataforma en movimiento, el planeta Tierra. En este caso, con la ayuda del programa “Starry Night” si ubicamos al observador a la puerta sur de Jerusalén y observamos el cielo, veremos que Júpiter parece detenerse sobre Belén.

Por supuesto el planeta se sigue moviendo en su órbita, pero desde la perspectiva de los magos, parece detenerse sobre Belén en diciembre 25 del año 2 a. C. ¡Parece que los magos estuvieron de visita justo a tiempo para las Navidades aunque en ese tiempo no se festejara la Navidad! Es posible que este aniversario influyera en la decisión de la Iglesia primitiva de honrar a Cristo en esta fecha. Rick Larson, el investigador que produjo la película The Star of Bethlehem explica cómo pudo detenerse la estrella sobre Belén:

“El problema con detener a un planeta no es lo que el lector supone. El problema no es que los planetas no puedan detenerse sino lo contrario. El problema es que todos los planetas están siempre detenidos a simple vista del observador. Los cielos se mueven sobre la tierra a una velocidad que resulta ser la mitad de la velocidad que recorre la manecilla de la hora en un reloj común y corriente. En otras palabras, su movimiento es imperceptible a simple vista. Entonces, si todas las estrellas aparentan estar detenidas todo el tiempo, ¿Qué pudo haber querido decir el Apóstol Mateo?
Quizás el lector ya anticipó la clave para descifrar este último misterio: el movimiento de retrogradación. Un astrónomo que sigue las trayectorias de los astros a través del campo estelar, los observa basándose en una escala de días, semanas y meses en vez de observarlos en una escala de minutos. Cuando se sigue esta escala de tiempo, se puede notar que el planeta Júpiter se detuvo. El 25 de diciembre del año 2 AC., durante el inicio de retrogradación, el planeta Júpiter alcanzó un alto completo durante su travesía sobre el campo estelar. Los magos que estuvieran observando este fenómeno desde Jerusalén habrían visto que el planeta Júpiter sí se detuvo sobre el pequeño pueblo de Belén.”

La cronología es entonces, resumiendo:

Septiembre, 3 a.C. elevación conjunta de Virgo y Leo al tiempo del Rosh-Ashana, el año nuevo judío.

Nueve meses después el planeta-rey, Júpiter entra en conjunción en elevación con Régulus, la estrella-rey, coincidiendo en el horizonte sobre Jerusalén, desde la perspectiva de oriente.

Noviembre, 2 a.C. los magos llegan a Jerusalén.

Diciembre 25, 2 a.C. Los magos observan a Júpiter en perfecto movimiento retrógrado “parado” sobre Belén al sur de la capital y llegan a adorar al Mesías que ya es un pytheonun pequeñín de unos dos años.

Jesús fue crucificado durante la Pascua. La fiesta que sigue a la Pascua es el Pentecostés, llamado así porque llega 50 días después de la Pascua. Después de la Crucifixión, Cristo aparece a sus discípulos por 40 días al cabo de los cuales asciende a los cielos, anunciando que pronto la Iglesia recibirá “poder de lo alto,” lo cual ocurre milagrosamente en el Pentecostés cuando el Espíritu Santo es derramado sobre los primeros fieles. Los Hechos de los Apóstoles lo describen así:

Sabemos que la ejecución de Cristo tuvo lugar un viernes justo antes de la noche de Pascua. Eso nos indica claramente que ese viernes era el día 14 del primer mes del calendario sagrado. El 14 de Nisán. (Levítico 23, 5) Por lo tanto el año de la muerte de Jesús debe ser un año en que el 14 de Nisán cae en viernes. Esto debe ser necesariamente entre 26 d.C. y 36 d.C. los años en los que Poncio Pilato fue procónsul en Judea, según registra Tácito, el historiador romano. Una sola fecha coincide con todos estos datos: Abril 3 del año 33 d.C., el día de la Cruz.

Cristo fue puesto en la Cruz a eso de las 9 de la mañana en ese día. Entre ese momento y el momento de su muerte, seis horas después, ocurrieron todo tipo de signos: el cielo se oscureció; hubo un terremoto; en el Templo, el grueso velo del Santísimo se rasgó como una mera cortina, cuerpos abandonaron sus tumbas. Y al tiempo de la Pascua, cuando la luna salió esa tarde… fue una luna de sangre pues esa tarde (lo sabemos ahora por los precisos cálculos planetarios) hubo un eclipse de luna. Eso debe haber asustado mucho a la población que estaba al tanto de la muerte de Jesús y de los dramáticos eventos que habían presenciado.

A las dos de la tarde Cristo aún colgaba en la Cruz, iba a morir una hora más tarde, a eso de las tres. Veamos las constelaciones al tiempo en que Jesús cuelga en la Cruz condenado injustamente por su propio pueblo. Al ver el cielo vemos que la luna se ha colocado a los pies de la constelación Virgo (la Virgen) y ahora es una luna llena, la luna llena de la Pascua, el paso a la Nueva Alianza y signo de una vida, la vida del Mesías, vivida completamente para Dios. Un poema de terrible belleza escrito con estrellas, planetas y reinos; escrito en el tiempo y el espacio.

Esto significa que las Escrituras pueden ser cotejadas con el cálculo duro del movimiento estelar y no sufren ninguna devaluación, sino todo lo contrario. Sin embargo, lo que debiera asombrarnos en nuestra humillante pequeñez, es el poder de Dios que echó a rodar las estrellas de todo el Universo hace más de 13 mil millones de años y dispuso entonces una luna de Pascua, la del 3 de abril del año 33 para que su pueblo aprendiera la lección del amor divino en la Pasión.

El insensato ha dicho en su corazón: “Dios no existe.”—Salmo 14, 1.


Este artículo es un resumen basado mayormente en la presentación de Rick Larson, The Star of Bethlehem, transmitida por EWTN en Diciembre de 2008.

Si desea obtener el DVD con la presentación del Sr. Rick Larson visite The Star of Bethlehem

El autor ha publicado un sitio en la red donde se puede encontrar mayor información sobre este fascinante tema. Tiene una sección en español. Visítelo en Star of Bethlehem.

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