Mi conversión

east-bostonLo que he escrito aquí es algo muy parecido a un diario de viaje. En ese viaje hubo y habrá muchas estaciones y, para no hacerlo más largo de lo necesario, he decidido referirme solamente a las estaciones más importantes. Es necesario tomar distancia de las cosas antes de describirlas completas y yo no he sido capaz de hacerlo aún; lo que relato aquí es bastante reciente aunque los comienzos del proceso pueden remontarse varios años en el pasado.

No es mi intención polemizar con nadie, mi decisión es firme y limitada solamente por mi capacidad de entender las cosas honestamente. Tampoco quiero ofender a nadie. Comprendo que en la mente de cualquiera hay prejuicios, miedos, falsa información. El mundo nos bombardea diariamente con conceptos que apenas tenemos tiempo de digerir intelectualmente. Es por eso que pido a los que encuentren en este documento alguna causa de disgusto que se permitan reflexionar con entereza en estas cosas y apreciarlas con la cabeza fría. He encontrado que esa es una virtud muy escasa en estos días, sin embargo también creo que es posible cultivarla y animo a los que se sientan turbados a examinar mi caso con la mayor imparcialidad.

Hace treinta y tantos años…

Entonces Jesús le dijo: “Bendito seas Simón, hijo de Jonás porque carne y sangre no te lo han revelado sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.” Mateo 16:17-19

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere bajo el sol tiene su hora”. Eclesiastés 3:1

Cuando tendría unos doce o trece años vivíamos en una casa del barrio de Agronomía en Buenos Aires, en la esquina de Quirós y Bucarelli. Al otro lado de la calle cruzando la esquina en diagonal había una iglesia católica, la parroquia de Santa Teresita del Niño Jesús. Mis padres eran de familias católicas, ambos católicos bautizados pero alejados de la Iglesia por razones varias que no viene al caso mencionar. Ni yo ni mis hermanos fuimos jamás bautizados debido a ese alejamiento. El pensamiento de mis padres era entonces “que elijan su religión cuando sean mayores y puedan tomar sus propias decisiones”. En mi caso hoy, esa es una profecía cumplida.

Cerca de 1965 una señora de origen polaco comenzó a visitar regularmente a mi madre para hablarle de religión. Nadie en casa tenía una idea de qué religión practicaba esa buena mujer (se llamaba Catalina Karpowicz) pero mi madre la recibía unos minutos cada quince días y le compraba dos revistas: La Atalaya y Despertad. Ambas revistas iban, por lo general, a parar a un cajón donde mi madre coleccionaba toda clase de papeles viejos, periódicos y revistas. Curiosamente las monjas de Santa Teresita recogían ese papel todos los fines de mes de las casas del barrio para reciclarlo, recaudando así algunos fondos para la escuela parroquial en construcción.

Mi madre recuerda que el único de la familia que leía las dichosas revistas era el susodicho que por ese entonces devoraba libros con avidez y no dejaba etiqueta sin leer en la casa. El material de lectura era por lo general explicaciones de diversas partes de la Biblia. En casa había una buena biblioteca, una Biblia y algunas publicaciones que explicaban historias bíblicas en términos que jovencitos pudieran entender. A los doce años tenía una idea bastante completa de la estructura de la Biblia, al historia de Israel y la vida de Jesús.

En esas lecturas estaba cuando un buen día otra dama de esas de La Atalaya apareció casualmente por la casa y comenzó a tener sesiones semanales de estudio bíblico con mi madre y mi hermana. Eventualmente mi padre, mis hermanos y yo nos unimos al estudio. Ese fue el final del último año feliz de mi infancia y juventud. Las aparentemente inofensivas enseñanzas de las señoras de La Atalaya iban a cambiar completamente nuestra vida. Pero esa parte de la historia es quizás excusa para controversia y no la voy a contar en detalle. Lo cierto es que apenas unos meses después de comenzado el estudio fuimos bautizados, habiendo comenzado a vivir nuestra “nueva vida” como Testigos de Jehová.

Para quienes no sepan quiénes son los Testigos de Jehová, recomiendo la lectura de los libros de Raymond Franz Crisis de Conciencia y En Busca de la Libertad Cristiana y el libro de James Penton Apocalipsis Postergado. Aparte de esas publicaciones hay muchas buenas obras escritas por miembros de diferentes confesiones cristianas, sociólogos y estudiosos de religión comparativa que le darán una idea de las creencias y modo de operar de esta poderosa secta norteamericana, fundada a fines del siglo pasado por un almacenero de Pittsburg, Pennsylvania llamado Charles Taze Russell.

Nuestra vida en la “verdad” dejaba mucho que desear. Los Testigos de Jehová ponen un marcado énfasis en el conocimiento de sus doctrinas las cuales son incontestables para la feligresía, como en casi todas las religiones. La diferencia con otras religiones es la rareza y la hostilidad social de la enseñanzas de la Sociedad Watchtower, los publicadores de La Atalaya y directores espirituales de los Testigos de Jehová. La indoctrinación lleva al Testigo medio a vivir en una especie de marketing-plan veinticuatro horas al día. Muchas cosas están prohibidas o son miradas con malos ojos, citas entre jóvenes solteros, cumpleaños, participación en deportes, la Navidad, festejos patrios o de año nuevo, transfusiones de sangre y una infinidad de otras cosas demasiado numerosas para listarlas aquí. Ya se imaginan que divertida se puso la cosa por la casa de Quirós y Bucarelli.

“No me elegisteis vosotros a mí, si no que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto y vuestro fruto permanezca”. Juan 15:16

A los veinticinco años de edad mi repulsión por el sistema de la Watchtower alcanzó su apogeo. Eso eventualmente generó el rechazo de mi familia y mi consiguiente alejamiento del hogar. Por cerca de doce años no tuve contacto alguno con mis padres o hermanos. Me casé, me mudé con mi esposa a los EE.UU. viví en diferentes partes del país, Boston, Houston, San Antonio, Miami. Luego de siete años de matrimonio mi esposa y yo decidimos separarnos, nos divorciamos un año después. Ahora, por primera vez estaba solo en el mundo y en un país extranjero.

Fue entonces cuando me llegaron noticias de que mi hermano Mario estaba muy perturbado. Mario trabajaba en la central de los Testigos en Buenos Aires como técnico gráfico. Comenzó a sufrir de depresión aguda y debió ser puesto bajo tratamiento. A través de amigos me enteré y decidí darle una llamada, reiniciando así las relaciones cortadas por tantos años. En desobediencia al expreso mandato de la Watchtower, mis padres y mis hermanos charlaban conmigo de temas bíblicos. Mi madre oraba para que yo volviera a ser Testigo de Jehová.

En 1991 cuando vivía en Charlottesville, estado de Virginia comencé a hacer un recuento de mi experiencia, mi matrimonio fallido y una errática carrera en la industria del turismo en los EE.UU. no me dejaban muy satisfecho. En medio de esa revisión los Testigos locales aparecieron por mi casa y prontamente reinicié el estudio de la Biblia con ellos. A fines de ese verano me mudé a Boston donde fui asignado a una congregación de habla hispana en Back Bay.

Entre los miembros de esa congregación experimenté por primera vez los efectos de la depresión. La congregación y sus actividades tenían un efecto deprimente en mí. Oraba a Dios por alivio pero la cosa no mejoraba. Comencé a pensar en mudarme a otra congregación de habla inglesa. Finalmente lo hice y allí conocí a James un “anciano” (como llaman los Testigos a sus presbíteros) que había servido en la central de la Watchtower en New York.

Durante más o menos un año tuve encuentros semanales con James para leer las Escrituras prescindiendo de las “ayudas para entender la Biblia” provistas por la Watchtower. Como resultado de eso comencé a leer comentaristas clásicos de la Biblia: Scofield, Matthew Henry, Sturgeon, Jamieson, Brown y otros que procuraba en la librería de la Sociedad Bíblica de Massachusetts, la biblioteca de Harvard Divinity School y de parte de librerías de catálogo y otras fuentes.

Eventualmente rumores y sospechas de apostasía—desvío de las creencias impuestas por la Sociedad Watchtower—comenzaron a hacerse evidentes. En el invierno de 1993 dejé a los Testigos convencido de que no eran cristianos sino más bien un grupo de personas bajo la influencia de una doctrina cuyo propósito es la creación de una “imitación corporativa del cristianismo”. Sin saber adónde iba me retiré de allí y prontamente se me aisló completamente de estas personas que por tres años había frecuentado.

“Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé deYahvé, y mi oración llegó hasta ti en tu Santo Templo; los que siguen vanidades ilusorias Su misericordia abandonan. Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios, pagaré lo que prometí. La salvación es de Yahvé: mandó Yahvé al pez y éste vomitó a Jonás en tierra”. Jonás 2:7-10

Mis primeras horas, después de haberme liberado de la opresión ideológica de la Watchtower, fueron de alivio. Los días parecían súbitamente largos y llenos de posibilidades ahora que las interminables obligaciones “teocráticas” no debían ser atendidas ya más.

Mi primera reacción fue tratar de poner “la casa en orden”. Como siempre lo he hecho, comencé a buscar libros que me explicaran las cosas desde diferentes puntos de vista y día a día me dediqué al estudio de las Escrituras con mejor afán y sin las ataduras de antes. Comencé a respirar aire fresco.

Para entonces vivía en un edificio de apartamentos del barrio de Fenway en Boston. En ese entonces, una de mis vecinas, Mary Ellen, solía conversar conmigo cuando nos encontrábamos en los pasillos del edificio. Un día, mientras tomábamos una taza de té, Mary Ellen se puso a recorrer mi biblioteca. Paseando la vista sobre el lomo de los volúmenes me preguntó ¿Tienes algo de C. S. Lewis? Le contesté que no tenía idea de quién era C. S. Lewis. En retrospectiva, yo sí había oído de Lewis, a través de Jorge Luis Borges, pero solamente como comentarista de literatura inglesa.

Unas semanas después Mary Ellen me regaló un volumen con selecciones de C. S. L. El libro me agradó mucho. Hierro con hierro se aguza y realmente mi mente, anquilosada por la falta de ejercicio en el terreno de la teología, pasó a entrenarse diariamente en las vigorosas calistenias de Lewis. Hoy admiro al profesor Lewis como el apologista cristiano más efectivo que ha tenido el siglo XX. Pronto pude darme cuenta que había muchas cosas que nadie jamás me había explicado. La vasta extensión del edificio doctrinal cristiano se abrió delante de mí como un valle de tesoros inconmensurables. De Lewis pasé a Chesterton y leí Orthodoxy, The Everlasting Man y Saint Thomas Aquinas. Pronto llegaron los patrísticos que había consultado anteriormente pero no había profundizado; Orígenes, San Agustín, Crisóstomo pero principalmente San Agustín, otro de los dones en forma de hombres que la Iglesia ha producido a través de los siglos. De Lewis también recibí a Baxter, George MacDonald, Bultman y de Bultman a Heidegger. Entretanto me interesé en la obra de Buber y para educarme en las costumbres e historia judaicas leí a Josefo (Antigüedad de los Judíos) y Edersheim (El Templo y Vida de Jesús el Mesías). A Mary Ellen le debo el haberme dado la llave para entrar en todo este mundo a través de C. S. Lewis.

Si alguien se pregunta por qué le doy a Lewis tanta importancia, hace bien. El profesor Lewis fue un hombre de profundo conocimiento cristiano pero también alguien que practicó el cristianismo caritativamente. Recomiendo el leer cualquiera de sus biografías, hay varias escritas. Su obra apologética es un tour de force para cristianos de todas las confesiones. Especialmente su obra Mere Christianity que es una verdadera perla.

Reeducación en la fe

Con el tiempo, al leer todas estas cosas comencé a notar un cambio en mi visión de las Escrituras. Comencé a leer toda la Escritura sin descartar los pasajes que no convenían a mis ideas preconcebidas.

Cuando uno es educado por una secta fundamentalista se distorsiona el mensaje claro de las Escrituras y se termina viendo a la Biblia como un manual de operaciones y al alma humana como una máquina que debe conformarse a este manual. Si bien nuestra vida debe conformarse a las Escrituras, el proceso fundamentalista siempre comienza por la instrucción de reglas y rara vez crece más allá. En la Biblia hay muchas reglas, todas buenas y claras. Cuando uno acepta el cristianismo las limitaciones morales que nos imponemos nos dan paz y nos permiten concentrar nuestro esfuerzo en el crecimiento espiritual, pero las reglas son un medio y no un fin. Son una ayuda que debe ser trascendida cuando uno está espiritualmente maduro. Las reglas son la leche de la doctrina, cuando se crece a la madurez nadie nos tiene que decir qué hacer porque nosotros mismos sabemos por qué hacemos lo que hacemos.

Pero el proceso no es de adentro del hombre hacia afuera, sino todo lo contrario. Es Dios el que hace crecer y la función de la Biblia es la de familiarizarnos con la mente y el corazón de Dios por medio de darnos una idea de cómo hombres de otros tiempos actuaron al ser impulsados por la misma fuerza.

Por ejemplo, los Testigos jamás prestan ninguna atención a María. Simplemente se la menciona como la madre de Jesús y de ahí en adelante no se le da ninguna importancia. Sin embargo, cuando leemos imparcialmente el relato de la Anunciación o el de las bodas de Caná, vemos que el papel de María en la Biblia no es un papel menor. Esto y muchas cosas más aparecían en mi mente como nuevos interrogantes. Los capítulos que siguen son las respuestas que he encontrado a los diferentes problemas que se me presentaron. La conclusión será evidente al final y espero que estas reflexiones sirvan de algo a quienes se encuentren en diferentes puntos del mismo camino.

C. S. Lewis y G. K. Chesterton

He aquí a dos personas que se convirtieron (el primero al Anglicanismo, el segundo al Catolicismo) en la edad adulta. Cuando leí el relato de la conversión de Lewis al Cristianismo me sorprendió la total falta de resistencia argumentativa de parte de alguien que conocía bien el griego clásico y que, probablemente no tuvo mucho problema en familiarizarse con el griego bíblico. Recomiendo a quienes lo deseen leer la confesión de Lewis y meditar en ella. Para mí fue una gran educación el leerla en su obra “Surprised by Joy”.

Lo que realmente no podía entender cuando leí la autobiografía espiritual de Lewis era la falta de argumentos en contra del cristianismo formal de las iglesias católica o anglicana. Me planteaba el problema así: he aquí un hombre preparado en inteligente, versado en idiomas antiguos, interpretación de textos, lógica etc. y también alguien que (lo sabemos por su propia confesión) no quería ser cristiano.

¿Cómo es posible que este hombre no viera los tremendos agujeros doctrinales que el fundamentalismo desenmascara en las religiones formales? Era obvio que el hombre estaba preparado para resistir mejor que nadie los embates de la lógica cristiana y sin embargo nunca, en sus meses de resistencia y lucha, se detuvo a mirar las cosas que normalmente se “desenmascaran” o se “exponen” en lo que respecta a las iglesias católica romana, anglicana etc. Todo lo contrario hay una aceptación del ritual y la doctrina casi absolutas. De hecho el único caso de resistencia que he leído en Lewis lo pone en la línea de los “conservadores” anglicanos y no entre la “vanguardia”.

Esto me hizo pensar. Dos mentes privilegiadas (uno de los libros que más admiro es The Man Who Was Thursday de Chesterton) estaban de acuerdo en regir sus vidas por la más severa ortodoxia. Ambos habiendo abrazado el cambio en la edad adulta, Chesterton cuando se hallaba en la cúspide de su fama como escritor y periodista. Obviamente aquí había algo que merecía una segunda mirada.

Cuando fui educado como Testigo de Jehová se me enseñó a pensar que las demás religiones cristianas, especialmente el catolicismo habían sido adulterados al mezclarse en los asuntos políticos del mundo y al mezclar el cristianismo original con los ritos paganos prevalecientes en los países a los que se iban expandiendo por medio de la evangelización o el colonialismo. Es así que entre los Testigos era común creer (ignoro si todavía lo declaran así) que las iglesias de la cristiandad (¡todas, menos ellos!) estaban representadas en la Biblia como la prostituta vestida de escarlata que aparece en el Apocalipsis y que el apóstol Juan llama “Babilonia la Grande”. Según los Testigos, todo estaba tan contaminado que Dios, para preservar la fe, había tenido que elegir un nuevo pueblo y revelarle a este pueblo sus verdades eternas.

Doctrinas como la Trinidad, la existencia del alma, la vida celestial para los cristianos fieles, la cruz, la virginidad de María y muchas otras que sería largo mencionar y describir una por una, son desbancadas por medio de citar textos bíblicos varios que, a primera vista y fuera de contexto, parecen irrebatibles.

Gracias a Dios uno no lee la Biblia en textos separados de a tres renglones a la vez. Eventualmente todos terminamos leyendo grandes porciones y a lo largo de los años hay quienes leen la Biblia completa una y otra vez. Tal seguramente es el caso del profesor Lewis, quien no encontró nunca en su Biblia, a pesar de estar armado de un fino intelecto y un conocimiento certero del griego, los dogmas “antiguos” que la Sociedad Watchtower pretendía habernos revelado. Hay una razón para ello y es ésta: la teología de la Sociedad Watchtower es falsa, como lo es la teología de muchas sectas fundamentalistas que han manipulado y hasta han modificado sus versiones particulares de las Escrituras para lograr sus propios fines.

Lo que sigue lo pongo en orden lógico y para hacerlo tengo que sacarlo del plano de experiencia temporal. Aquí se acaban las anécdotas y comienza un poco de razonamiento serio.

Sola Scriptura

Desde Lutero en adelante una cantidad de personas, a veces seguidas por muchísima gente otras veces por sí mismas, han desafiado esta y otra doctrina de la Iglesia Católica basando sus razonamientos en interpretaciones privadas y muy personales de lo que está escrito en la Biblia. Hay muchos ejemplos y estoy seguro que trataremos varios por eso no me voy a explayar.

La base de todo este razonamiento es lo que Lutero y otros han llamado la doctrina o dogma de “Sola Scriptura” que, en resumidas cuentas, dice que solamente la Biblia puede ser usada para establecer doctrina cristiana y que toda otra fuente es sospechosa de ser espuria (tradición oral o litúrgica por ejemplo). Esto tiene aparentemente mucho sentido, pero es en realidad una falacia ya que no es algo que la Biblia misma sostenga. ¿Dónde en las Escrituras, Hebreas o Cristianas, está expresado que las Escrituras son la única fuente de verdad doctrinal? Cuidado con lo que citáis… porque “toda Escritura es inspirada de Dios y provechosa” no dice tal cosa, mirad con cuidado… “tu palabra es la verdad…” tampoco. Un cuidadoso examen de las Escrituras demuestra, entre otras cosas, lo siguiente:

Las Escrituras son inspiradas por Dios y por lo tanto verdad

Las Escrituras forman un cuerpo perfecto en total acuerdo

Las Escrituras son un instrumento útil para educar y disciplinar en la vida cristiana

Las tradiciones que invalidan la Escritura son tradiciones de hombres

Pero no hay un solo texto bíblico que diga que la Escritura es la única fuente autoritativa en asuntos de doctrina. Todos recordamos la confirmación bíblica de esto, el día que Jesús, al enfrentarse con los fariseos y saduceos endureció la norma del divorcio que le había sido dada a Moisés por medio de citarles un texto del Génesis y razonar con ellos la fórmula que desde entonces se repite en todo matrimonio cristiano: “lo que Dios ha unido no lo separe ningún hombre”. Es un hecho curioso que, en este caso, un mandamiento sea endurecido por medio de citar una intención anterior de Dios y la concesión de Moisés a la dureza de corazón de los hombres. Ambas cosas están en la Escritura pero lo que finalmente determina el nuevo mandamiento es la autoridad de Jesús. Jesús usó el texto de Génesis para validar lógicamente su nuevo mandamiento que anula, pero no contradice, el mandamiento de Moisés.

La doctrina de Sola Scriptura es entonces contradictoria consigo misma ya que no puede ser probada desde la Biblia. Pronto veremos lo sabio que fue Dios al no poner “todos los huevos en la misma canasta”.

Casos de tradición oral o de origen desconocido que existen en la Biblia

La celebración del Yom Kippur

A medida que nos familiarizamos con el Antiguo Testamento el ojo observador encuentra cosas sorprendentes. Un caso evidente, para quienes quieran estudiarlo, es la observancia del día del perdón. No hay forma de reconstruir la observancia del Yom Kippur comenzando desde lo escrito en el Pentateuco. Trate de reconstruir la ceremonia de la ofrenda por el pecado basándose exclusivamente en las Escrituras. Pronto se dará cuenta que no puede ni comenzar sin tener que referirse a fuentes tradicionales judaicas. El libro de Alfred Edersheim “El Templo” es una buena ayuda para comparar la ceremonia con el precedente bíblico. Se me hace bien claro que alguien debe haber pasado todos estos detalles por vía de tradición oral. (el Sumo Sacerdote al entrenar a su sucesor o el cuerpo sacerdotal levítico quizás). Si buscamos encontraremos muchos ejemplos similares.

Las enseñanzas de los fariseos, la opinión de Jesús

En el conocido pasaje de Mateo 23:2-3 Jesús mismo dice” “Los maestros de la Ley y los fariseos se sientan en la cátedra de Moisés. Obedecedlos y haced todo lo que ellos os digan”

¿Qué es la cátedra o silla de Moisés? Ciertamente no hay registro bíblico que nos lo indique pero es claro que a lo que Jesús se refiere aquí es a la colección de tradiciones pasadas a través de los siglos de Moisés en adelante. Hoy en las universidades de todo el mundo no es raro encontrar una cátedra dedicada a la memoria de uno de sus fundadores y sobre la que sus nuevos administradores enriquecen y amplían el conocimiento general que el fundador comenzara. (La Cátedra Lucasiana de Física que ha tenido entre otros a Isaac Newton y Stephen Hawkings es un ejemplo de eso).

Lo que Jesús condena aquí no es la tradición en sí. De hecho, le indica a los judíos de su tiempo que deben “hacer todo lo que ellos os digan”. Lo que Jesús condena es el predicar una cosa que no se practica, o sea la hipocresía religiosa, pero no la tradición. La única excepción (ejemplificada en el caso del Corbán) es cuando la tradición invalida o está francamente opuesta a mandamientos expresos en la Escritura. Si creemos en los libros del Antiguo Testamento porque Jesús citó de ellos no debiéramos pasar por alto la enseñanza tradicional. No todas las tradiciones son objetables y es evidente que Jesús las encontró útiles.

Para rematar el punto por favor lea 2 Tesalonicenses 2:15 en su propia Biblia.

“No os escribo estas cosas para avergonzaros, sino más bien para amonestaros como a hijos míos queridos. Pues aunque hayáis tenido diez mil pedagogos en Cristo, no habéis tenido muchos padres. He sido yo quien, por el Evangelio, os engendré en Cristo Jesús”. 1 Corintios 4:14-15

Una Autoridad, Una Iglesia

En el mundo en que vivimos, donde la falta de palabra honorable es cada vez más abundante, nos cuidamos bien de poner acuerdos o contratos importantes por escrito. Eso no garantiza que no haya problemas de interpretación cuando surge un desacuerdo. El que no me crea puede pasar por el juzgado más cercano y charlar un ratito con el juez sobre el asunto. Menciono esto porque Jesús dejó su legado en hombres y no en tinta. ¿No es cierto que es muy llamativo que no tengamos una autobiografía de Jesús en vez de tener cuatro Evangelios? La verdad es que si uno confía en las premisas básicas de que Dios está en control de la situación y nada puede perderse o estropearse mientras El se ocupa de alguna otra cosa… ¿qué impide creer que el Espíritu Santo puede mantener vivas las tradiciones básicas de la fe a través del tiempo? Eso sucede aunque nosotros desconfiemos de todo lo que no se ha puesto en un papel. Con buena fe uno puede encontrar fácilmente el camino a través de una tradición oral. Es muy posible que muchas cosas que hoy tenemos en la Biblia vivieran oralmente a través de siglos en que los Hebreos carecieron de escribas y de un lugar fijo en el cual morar. De hecho la Iglesia cristiana existe desde antes que se completara el canon de las Escrituras. La Iglesia y las Escrituras se validan mutuamente y no una primero y la otra después. En la infancia de la Iglesia no había necesidad de probar que la Iglesia era la verdadera forma de adorar, lo único que había que probar era la mesianidad de Jesús, lo demás se caía de maduro. Hay que leer ese capítulo 2 de la carta a los Tesalonicenses para darse cuenta que es necesario que la Iglesia sea atacada por el Anticristo que se erige a sí mismo como el juez del mundo, como el dios del mundo. Es en ese momento que la Escritura nos sirve para identificar a la Iglesia, pero no es eso solo por lo que Pablo dice en 2Tes 2:15 la tradición oral es también una fuente autoritativa. Todo va junto y se valida Iglesia, Tradición y Escritura son un todo unido y armonioso y no una serie de partes en pugna como el Congreso, el Presidente y la Suprema Corte que deben limitarse unos a otros para evitar el absolutismo. Cuando alguien nos pregunta ¿Dónde está esa doctrina en la Biblia? Es lícito contestar: Primero muéstrame dónde dice en la Biblia que todas las doctrinas cristianas deben estar en la Biblia. Fin del juego.

La monarquía de Cristo no es una democracia

Bueno, ¿cuándo hubo elecciones para elegir Mesías? Yo no voté en las elecciones generales pero sí lo he aceptado como mi Rey, Salvador y Protector. ¡Qué buen arreglo ése! Porque yo sé que el Padre ha concedido al Hijo reinar sobre mí, pero yo soy libre de rechazarlo o aceptarlo y lo he aceptado. En eso se ve la humildad de ambos y el respeto muy grande que Dios y su Hijo tienen por nuestra libertad. Pero eso no es todo, nos envían un Ayudante, el Espíritu Santo y nos dan un lugar donde morar, la Iglesia. Este no es un lugar perfecto porque está temporalmente en manos de hombres. Cuando Cristo delegó en Pedro su autoridad, no pasó un minuto antes de que Pedro cometiera un error y tuviera que ser amonestado por Jesús por tener “pensamientos de hombres”, luego vino el triste episodio de las tres negaciones de Pedro “antes de que cante el gallo”. Alguno me dirá: “sí claro, eso sucedió antes que recibiera el Espíritu Santo en Pentecostés”; concedido, pero su escandaloso y pecaminoso fingir lo hizo después de haber recibido el Espíritu Santo (ver el hecho en la carta a los Gálatas). Y sí la Iglesia, fundada en tal hombre, ha negado muchas veces a Cristo por sus acciones, como Pedro, ha sido a la vez sublime e ignominiosa.

Pero pensemos… ningún hombre se puede atribuir el haberla sostenido. Dicho esto con todo respeto: un equipo de mentecatos que gana el campeonato tiene que tener un gran entrenador, es por eso que la gloria por la persistencia de la Iglesia a través de los siglos va a quien la merece: no Pedro o sus sucesores humanos sino al Amo, Fundador, Sostenedor, Protector que la guía invisiblemente y también la amonesta y la corrige de la misma manera que Yahweh guió y amonestó a Israel en tiempos antiguos. Recordemos que Israel es no solo el Israel de Samuel, David (el héroe), Salomón (el sabio), Daniel e Isaías. Es también el Israel de Saúl, David (el adúltero, el asesino), Salomón (el concupiscente) y otros personajes no muy brillantes. Sin embargo la historia sagrada es una escuela que nos enseña dos hermosas lecciones: La irredimibilidad del ser humano caído en la carne y la gloria de la misericordia de Dios en el Espíritu. Es una lección tan clara que a veces se nos pasa desapercibida. Vedla ahí en toda su gloriosa majestad. Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia que es como decir sobre esto tan común tan tosco, tan ajeno a mi gloria y a mi perfección, sobre ti pequeño Pedro descansa mi Iglesia terrenal, ata y desata, abre y cierra, no importa lo que hagas sobrevivirá hasta que yo venga y será hogar de millones de hombres. La puerta de las estrellas descansa sobre los hombros de un pobre pescador galileo, eso es posible sólo porque Alguien la está sosteniendo desde el cielo.

Si leemos Hechos 1:20 donde dice “que otro tome su sitio de liderazgo” (y nada menos que para cumplir una profecía) y luego leemos 2 Timoteo 2:2 vemos que hay dos cosas incontestables: autoridad y sucesión. Cristo no fundó una Iglesia de cien años ni la fundó sobre carne inmortal, sin embargo dijo que las puertas del Hades (o la tumba o infierno, los poderes destructivos de Satán) no iban a prevalecer contra ella. Autoridad impuesta sobre los hombros de Pedro, los doce y los Setenta es pasada por imposición de manos a sus sucesores. En el caso del Concilio de Jerusalén (Hechos 15) vemos a esos hombres en acción antes de que los apóstoles murieran. Ya había en ese tiempo tan temprano un grupo de hombres con autoridad para dar dictámenes y dirimir asuntos de doctrina, Santiago es uno de ellos (Hechos 15:2, 4, 6, 22) pero no es un apóstol aunque es elegido por los apóstoles. ¿Quién puede leer el Nuevo Testamento y no notar que hay una jerarquía con responsabilidades?. La vemos allí en forma incipiente pero completamente funcional. Cuando alguien dice “al Espíritu Santo y a nosotros nos ha parecido bien…” y no se molestan en fundamentar la decisión con textos bíblicos (aunque usan textos bíblicos para dilucidar el tema debatido) estamos en presencia de una autoridad que no tiene equivalente en el sistema judío. Estamos frente a un caso muy similar al de Jesús en lo que he citado antes sobre el endurecimiento de la ley sobre el divorcio. La Iglesia primitiva es una estructura simple pero bien definida. Como un bebé que muestra perfectamente los miembros y las características básicas de un hombre o mujer adultos. Ahí está el cerebro, el corazón, los brazos, las piernas. ¿Juzgaría alguien como cuerdo a un hombre que me hubiera conocido cuando sólo tenía un año de edad y ahora niega que el adulto sea yo mismo porque no visto pañales y balbuceo como un niñito?

La Iglesia es dinámica y está en el mundo para crecer y desarrollarse, es libre de elegir (atar y desatar, abrir y cerrar), de probar cosas, de aprender por experiencia y desarrollarse. Siempre bajo los justos principios de Dios encontrará bendiciones cuando obre bien y problemas cuando obre mal. Será disciplinada, no porque Dios la odie, sino porque Dios la ama y la ha hecho una escuela de inmortales.

Tan temprano como entre los años 92 al 101 A.D. Clemente, obispo de Roma, escribe una epístola a los Corintios (y no es una carta con saluditos, es una sólida carta disciplinaria y doctrinal en naturaleza). Ignacio de Antioquía escribe en 98 A.D. en su carta a los filadelfinos “hay un obispo junto a los presbíteros y diáconos”. No hay ninguna evidencia de que los cristianos del primer siglo decidían por si mismos su doctrina o modo de adoración. Ciertamente que la Iglesia no tenía un carácter dictatorial sino más bien exhortativo, alentador. ¿Y qué me dice de la autoridad para perdonar pecados? Muchos niegan que tal autoridad haya sido delegada en meros hombres (¡como sucedía ya en tiempos de Jesús! Mt 9,1-8). Pero en Juan 20:22-23 es clarísimo que Jesús otorga esa autoridad a sus discípulos después de su resurrección y junto con la bendición del Espíritu Santo.

El Canon de las Escrituras

Un viejo profesor solía decirnos que hay tres clases de Historia: la que queda en los libros, la que verdaderamente ocurrió y la que se sufre. La Historia de la Humanidad tiene muchos cronólogos pero no todos son personas desinteresadas, neutrales y con una claridad meridiana. Todo lo contrario.

Sin embargo podemos enterarnos de muchas cosas y juzgarlas, a ojo de buen cubero, tratando de no caer en el color que el relator le pone a sus personajes y situaciones. En ese sentido la Historia se hace cada vez más clara con los siglos, pues mueren los intereses creados que la distorsionaban y se pueden definir las grandes corrientes que empujaron el curso histórico en una u otra dirección. Otro libro que recomiendo a los cristianos con ganas de examinar las cosas con dedicación: A Study On History de Arnold Toynbee y el ya mencionado The Everlasting Man de G. K. Chesterton. Si bien basta la buena fe para encauzarse en el cristianismo y no es necesario ponerse a desenterrar manuscritos o aprender griego para ser cristiano, es importante informarse en ésta búsqueda. Los malos mapas nos llevan a lugares donde quizás no nos convenga ir… tal ha sido el caso con los Testigos de Jehová y mi familia. Si hubiera sabido entonces lo que se ahora, jamás me hubieran engañado así.

El primer paso del engaño es limitar el entendimiento de la Biblia a una sola clase de interpretación. La palabra hermenéutica no aparece mucho en los escritos de los Testigos de Jehová. No es una palabra muy conocida, de todas maneras. Otras se han ocupado de la hermenéutica de los Testigos, llamando la atención al peculiar estilo interpretativo de la Sociedad Watchtower que salta del antitipo histórico al simple relato, del símbolo a la literalidad sin ningún tipo de problema. Las doce tribus del Israel de Dios en el Apocalipsis son simbólicas, pero la suma de los miembros de las tribus es simétrica y literal. Siempre me llamó la atención ese detalle cuando era Testigo y entonces pensaba que quizás algún día se les haría evidente una explicación un poco más potable.

El problema del canon de las Escrituras es uno de los más importantes. Ya he tratado los caso de la autoridad eclesiástica, de la sucesión apostólica, de la doctrina de “Sola Scriptura”

Cuando uno examina la historia de la iglesia cristiana lo que primero aparece es Jesús. Luego un grupo incipiente de seguidores, cuatro (los Zebedeos, Pedro y Andrés) de allí los doce y después de los doce los setenta. Esos son como quinientos al tiempo de la Ascensión de Jesús y continúan creciendo en número hasta que se habla de las congregaciones dispersas por todo el Imperio Romano, apenas cuarenta años después de la muerte de Jesús. ¿Con qué predicaban los primeros cristianos? La Biblia, en el formato que hoy tenemos no estaba a disposición de los apóstoles, de hecho tomó un tiempo bastante largo hasta que el canon de las Escrituras estuvo decidido. En eso católicos y protestantes difieren. Me tomo la libertad de transcribir del libro “Nacido Fundamentalista y Renacido Católico” de David Currie:

“Otro ejemplo común de este problema contenido en la mismísima raíz de una definición o sistema es el de la persona que afirma: “Todas las generalizaciones son falsas”. Esta afirmación es, por supuesto, una generalización y sigue que, por lo tanto es falsa por propia definición. Se autodestruye. La persona está diciendo realmente “Todas las generalizaciones son falsas, excepto esta.”

El protestante está en esta misma posición invalidada por su propia lógica […]

No hay parte de la Biblia donde explícitamente se enseñe que la Biblia es la autoridad final [sola, absoluta] de la fe. ¿Es la Biblia la Palabra Autorizada de Dios?, ¡ciertamente lo es!. ¿Únicamente la Biblia? ¡No! No es solo que las palabras [única y final autoridad] no están en la Biblia, el mismo concepto es ajeno a la Biblia. El protestante nos dice realmente: “Solo las doctrinas explícitamente fundadas en la enseñanza bíblica son totalmente confiables – excepto esta doctrina [de Sola Scriptura]”. Este sistema no puede ser veraz con una inconsistencia como esta.

La Biblia sí nos da un buen indicio de donde está la autoridad final en 1 Timoteo 3:15 “la Iglesia del Dios Vivo, pilar y fundamento de la verdad”. Cristo dispuso su Iglesia, para que viviera de generación en generación, para que fuera el guardián de la verdad. La Iglesia es el árbitro de lo que es verdad o no. Usa y venera la Biblia pero no puede poner a la Biblia en una posición de la que la Biblia misma se excluye – la de ser la única y final fuente de autoridad en la vida cristiana.

El problema no es poner a la Biblia “por encima” o “por debajo” sino más bien determinar si nuestro punto de vista de la Biblia es bíblico. A menos que alguien me muestre dónde estoy equivocado, sólo puedo apuntar a lo que realmente es obvio: que el punto de vista protestante de la Biblia es antibíblico. Si esta conclusión es cierta, el entero sistema [teológico] protestante se viene abajo cayendo sobre sus adherentes con eternas consecuencias”.

Si esto es verdad, la Biblia original cristiana está disponible a todos en cualquier librería católica y la Biblia en formato protestante, desde Lutero en adelante, es nada más que una Biblia cercenada. Esto es muy serio e invito a todos a investigarlo con cuidado y en forma personal. No dejarse guiar por lo que la gente dice o lo que está escrito en tal manual sino seriamente pasar a examinar las cosas tan cerca de la fuente como sea necesario con buena fe, honestidad y sin orgullo. En principio yo también creía que la teología católica era una bola sin sentido. Hoy me arrepiento de mi necedad y confieso mi ignorancia. El magisterio de la Iglesia Católica ha dictado muy poco material si consideramos los largos años de su existencia, pero que yo sepa no se ha recibido “nueva luz” que corrija a Ignacio, Clemente o Agustín de Hipona, siguen allí en el mismo lugar, diciendo las mismas cosas desde hace veinte siglos.

Por qué acepté el Catolicismo Romano

Evita discusiones necias, genealogías y contiendas y disputas sobre Ley, porque son inútiles y vanas. Al sectario, después de una y otra amonestación, rehúyele, ya sabes que está pervertido y peca condenado por su propia sentencia. (Tito 3:9,10)

Habiendo revisado las doctrinas de Sola Scriptura y Sola Fide y habiendo determinado el papel que la comunidad cristiana bajo autoridad apostólica tiene en la preservación de la fe no me sorprendió ya más que Chesterton y Lewis se adhirieran a la iglesia litúrgica más cercana. Lewis se hizo Anglicano, creo yo, porque siendo de una familia del Ulster y un profesor en Oxford, era para él más fértil el campo cristiano en esa confesión. El adoptar el Catolicismo en esas circunstancias hubiera sido suicida, lo que es más, hubiera sido totalmente inútil desde el punto de vista de los frutos. Creo que el profesor Lewis ha hecho más Católicos que Anglicanos a través de sus libros, pero esa es sólo una impresión personal. En cuanto a Chesterton, su posición era diferente y no tuvo problemas en aceptar el Catolicismo una vez que sus razones fueron satisfechas por el estudio de la doctrina, a lo que Chesterton se aplicó con diligencia, por lo que podemos ver en sus libros.

Cuando reveo las razones fundamentales del protestantismo brevemente concluyo que no tenía más remedio que reconciliarme con la Iglesia.

1. Las Escrituras son la única autoridad de la fe, no hay tal cosa como la tradición apostólica.

Falso según lo expuesto largamente en párrafos anteriores.

Contradictorio con 1 Timoteo 3:14 y 15 (ver especialmente el v. 14!) y 2 Tesalonicenses 2:15

Contradictorio con los registros históricos del cristianismo de los siglos I al IV (ver bibliografía al final de este artículo)

2. La fe en Jesucristo es lo único que se necesita para la salvación.

Lutero ha dicho que él podía cometer adulterio veinticuatro veces al día y eso no agregaba ni quitaba un gramo a sus posibilidades de salvación. Tengo que estar de acuerdo con esa declaración aunque no por la mismas razones que Lutero tendría para afirmarlo. Esta puede bien ser una razón por la que Melanchton y Lutero no estén en el cielo en estos momentos, si se me permite la ironía.

Falso y contradictorio con los siguientes textos bíblicos y su contexto general. La salvación se obtiene o resulta…

Por medio de creer en Cristo (Juan 3:16; Hechos 16:31)

Por medio del arrepentimiento (Hechos 2:38; 2 Pedro 3:9)

Por medio del bautismo (Juan 3:5; 1Pedro 3:21; Tito 3:5)

Por obra del Espíritu Santo (Juan 3:5; 2 Corintios 3:6)

Por medio de la declaración de nuestra fe (Lucas 12:8; Romanos 10:9)

Por medio de conocer la verdad (1 Timoteo 2:4; Hebreos 10:26)

Por obras (Romanos 2:6,7; Santiago 2:24)

Por guardar los mandamientos (1Corintios 7,19)

Por bondad inmerecida o gracia (Hechos 15:11; Efesios 2:8)

Por la sangre sacrificial de Cristo (Romanos 5:9; Hebreos 9:22)

Por la justicia o santidad de Cristo (Romanos 5:17; 2 Pedro 1:1)

Por el sacrificio en la cruz (Efesios 2:16; Colosenses 2:14)

Veinte Siglos de Doctrina

Lo que siga a esto: bautismo de infantes, veneración de Maria, veneración de los santos, oraciones a los santos, uso de íconos o imágenes, presencia de Jesús en el pan y el vino de la Eucaristía, autoridad y sucesión apostólicas, santificación de ciertas costumbres anteriormente paganas, encarnación, milenarismo, autoridad papal, perdón de pecados, confesión, absolución, uso de anticonceptivos en el matrimonio, santidad de la vida, purgatorio, infierno, como lidiar con las faltas presentes y pasadas de la Iglesia (inquisiciones, excomunicaciones), resurrección de la carne, ejercicio de la caridad, naturaleza y relación del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo… etc. todas estas doctrinas emanan de nuestra capacidad de asumir que hay un magisterio con autoridad dada por Cristo para entender el todo de la doctrina y no, como es costumbre fuera del Catolicismo, decidir la verdad a solas por la mera lectura de la Biblia y en total desconocimiento de lo que nuestros hermanos y ancianos espirituales de tiempos pasados oyeron de boca de Nuestro Señor y sus Apóstoles.

A los que me juzguen mal por someterme al magisterio luego de este largo estudio, os desafío a leer con honestidad estos libros y notas; y a preguntar con humildad a aquellos que saben la verdad de lo que la Iglesia enseña. Descubriréis, si obráis con humildad y sinceridad intelectual y emocional, una verdad que ha durado ya veinte siglos y entra en su tercer milenio, os uniréis a la hermandad de los santos que fueron capaces de morir y aún más capaces de vivir por la gloria de Nuestro Señor, Rey y Salvador Cristo Jesús a quien sea la gloria para siempre jamás. Amén. (Apocalipsis 22:20,21)

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