Partidas y destinos

partidaHe estado pensando desde hace algún tiempo que una visión distorsionada de la Historia es necesaria si se quiere controlar a las masas con una narración distorsionada. La idea de presentar el destino de la humanidad como el inexorable camino a la estación Y depende en gran medida, en mi opinión, de que los tontos crean que partieron de la estación X. Así es como tenemos la visión marxista de la historia como una lucha social, o la historia de algunas sectas que se colocan en la posición de restaurar algo que nunca existió. Pueden presentar el pasado inventado para sus creyentes a través del vidrio empañado de una historia inventada. Un futuro controlado siempre requiere un pasado artificial y borroso.

Como siempre, el Demonio copia torpemente lo que Dios ha hecho primero brillantemente. La visión cristiana de la Historia (Creación + Caída + Redención + Restauración) coloca a la humanidad en el medio de una batalla épica que se lucha mayormente en el mundo — el combate de los dos dragones en el sueño de Mardoqueo — pero también en el corazón de cada ser humano. Esa visión le dió a cada hombre y mujer un lugar en la lucha y la dignidad de participar con Cristo en la salvación de cada alma, incluída la propia. La Teología cristiana nos hace parte de un Cuerpo Místico y la visión cristiana de la Historia nos hace compañeros de armas con cada buen hombre y mujer que hayan existido jamás. Esto es un enorme paso adelante partiendo desde la visión pagana que ve la Historia como el relato sin sentido de una larga batalla para llegar al poder o retenerlo, un mundo en el que dioses y reyes luchan por la gloria y meros hombres y mujeres son simplemente sobrevivientes o bajas de batalla.

Creo que fue John Locke (o quizás hubo otro antes, no sé) el primero en proponer un cambio a esa clásica visión cristiana del mundo. Locke propone que abandonemos la idea cristiana para comenzar la construcción de una sociedad mejor aquí en la tierra por medios puramente humanos. para poder creer en esa visión tenemos que mudar a Adán al pantano primigenio, desde donde ascenderá ad astra per aspera por su sola voluntad. Eso también requiere que el Bien y el Mal sean reemplazados eventualmente por entidades como el Proletariado y los Capitalistas, o los Arios y las razas inferiores, etc. La preocupación de los filósofos modernos con la semiótica y el lenguaje — repito, esta es mi opinión — surge del interés freudiano en la conversación como medio de conocer la raíz de nuestras neurosis. Este es el equivalente, en este “mundo feliz”, de la teología del pecado original y también el comienzo del fin de la filosofía sana. Ya no nos preocupa lo que la Palabra ha creado, sino sólo nuestras propias palabras. Estamos contentos con leer la borra del té mientras los milagros rugen alrededor nuestro, mostrándonos el verdadero propósito y la dirección en que marcha la creación.

“¡Ganar la alabanza de boca de lactantes y pequeñuelos! … Uno debe empezar por arrancar de sí todo sentido de superioridad en edad, sabiduría, o propia voluntad, renunciando a toda vanidad.” (J.G. Hamann citado en Reason and the Well-bred Girl, por el escritor canadiense David Warren)

Hamann, con este luminoso pensamiento condena la vanidad de nuestro tiempo. Nuestro modelo del universo es preciso solamente en lo que concierne a las ciencias exactas. Cuanto tratamos de pensar más allá de lo empíricamente demostrable, estamos perdidos. Abandonamos la celda en la que conversábamos cara a cara con Tomás de Aquino. Errantes en el mundo hemos terminado en el consultorio de Freud. Estamos acostados en el diván, mirando el techo y charlando con un falso sacerdote, un brujo que sólo puede predicar sobre la dura contienda y la desesperación en un mundo sin otra esperanza que la muerte, donde nuestra única guía son los oscuros oráculos escondidos en nuestras propias palabras. Y no se nos permite ni siquiera verle la cara al brujo.

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