Signos de la Iglesia en Mateo 16, 13-20

peterSon muchos los desacuerdos—fuera de la Iglesia Católica—sobre la verdadera interpretación de Mateo 16,13-20. En este escrito intento resumir los antecedentes que Mateo presenta antes de llegar a ese momento culminante de los Evangelios. Quiero enumerar entonces los signos que apuntan a la Iglesia usando todo el Evangelio de Mateo y sin reducirnos a estos pocos versos del capítulo 16. Sin embargo quiero concentrarme primero en el rico tapiz de signos que Dios nos presenta en los breves versículos de Mateo 16, 13-20.

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?”. Ellos le respondieron: “Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas”. “Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?”. Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Y Jesús le dijo: “Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.”(16, 13-20)

Se nos haría escaso el tiempo y el espacio para exponer las variadas interpretaciones de este pasaje que han surgido fuera del catolicismo. Por el contrario muchos comentaristas y exegetas católicos han expuesto este pasaje a través de los siglos entendiéndolo de la misma manera: este es el momento clave en que Israel se transforma en la Iglesia. Ha llegado el dia que el universo entero esperaba, la revelación del Mesías a Israel y el comienzo de la reconquista del mundo perdido en el Edén. Implícitos en estos pocos versículos estan: la divinidad, la muerte y la resurección del Cristo, su identidad mesiánica, la divina revelación de la verdad al cuerpo apostólico, la apertura de Israel a las naciones y la autoridad sobrenatural que desde entonces recibe Pedro para obrar en nombre de Cristo.

Desde el protestantismo se impugna este entendimiento con argumentos variados. Reflexionando sobre esta controversia se me ocurrió que un tema tan importante no puede haber sido tratado por San Mateo de manera tan sucinta. Releyendo su Evangelio he notado últimamente que el autor construye, por asi decirlo, un crescendo en los capítulos anteriores que lleva gradualmente a estos momentos culminantes como ser la revelación de Jesús como el Mesías, la institución de la Eucaristía y el Sacrificio del Calvario.

Se nota tambien que Mateo nos provee con detalles que resultan útiles para argumentar a favor de la fe cristiana en un ambiente judaico. Por ejemplo, ya desde el momento en que presenta la genealogía de Jesús, el autor menciona especialmente a varias mujeres: Tamar (1,3) Rahab (1,5) Ruth y Berseba a quien nombra indirectamente como «la esposa de Urías» (1,6) a pesar de ser ella la primera reina de Israel. Este método es inusual ya que los hebreos no acostumbraban a nombrar mujeres en la línea genealógica de un personaje importante. Para el observador con un buen manejo de la historia sagrada no es difícil advertir que estas mujeres tienen —en mayor o menor grado— antecedentes escabrosos. Tamar se entrega a su suegro Judá, fingiendo ser una ramera (Genesis 38,1-30). Rahab es una prostituta canaanita (Josué 2,1-3). Ruth se ofrece a Boaz en forma mas bien directa con la buena intención de levantarle descendencia a su esposo muerto (Ruth 3, 6-9) Y Berseba da a luz a Salomón luego de que David cometiera adulterio y asesinato mientras procura sus favores (2 Samuel 11:1-27).

La razón para incluir esos nombres me parece obvia. Muchos judíos conocían de oídas el misterioso origen de Jesús de Nazareth y estamos seguros que la mayoría asumía que Jesús era el resultado de una relación extramarital. Eso parece ser lo que insinúan los opositores de Cristo cuando le dicen «nosotros no somos nacidos de fornicación» (Juan 8,39-42). Mateo resalta estos casos adrede para mostrar que Dios obra en el contexto de la debilidad humana y que el Cristo esperado se oculta tras estos humildes y hasta escandalosos antecedentes.

Finalmente cuando Mateo se refiere al padre putativo de Jesús no lo llama simplemente por su nombre sino que lo llama «José, el esposo de María» (1,16) Aqui vemos que María —en contraste con Berseba— es nombrada como si tuviera mayor importancia que José ya que la expresión posesiva tiene como objeto al esposo y no a la esposa, algo realmente inusual y hasta chocante en la cultura del primer siglo.

Esto me recuerda a la broma que hizo una vez John Kennedy, entonces Presidente de los Estados Unidos, quien en una conferencia de prensa, se presentó jocosamente a sí mismo como “el hombre que acompañó a Jacqueline Kennedy en su viaje a París” [1] luego de regresar con su esposa de una exitosa gira de buena voluntad por los países europeos. Al presentar así a la madre de Jesús, Mateo no estaba simplemente bromeando o afirmando la popularidad de María sino su importancia.

Presento este análisis de los primeros versos del Evangelio para resaltar algunas características del estilo de Mateo, a saber; que siempre asume en el lector un conocimiento profundo de las escrituras y tradiciones hebraicas. Tambien utiliza hábilmente el contrapunto. Por ejemplo, al no nombrar a Berseba la reina directamente y sin embargo en contraste, mencionar a María una humilde muchacha judía, revirtiendo el orden convencional de pertenencia (1,16) en un giro comparable (en nuestra cultura) a llamar a un esposo por el apellido de la esposa.

Como veremos, Mateo utiliza con habilidad estos recursos para presentar en un solo relato la vida de Jesús y tambien la idea que Jesús tiene de la Iglesia que viene a fundar. Por ser Mateo el que hace la presentación mas «hebraica» del Evangelio, nos es útil para ahondar en el misterio de la Iglesia que Cristo presenta en sus parábolas resaltando diferentes facetas. En suma, Cristo viene a salvar a Israel y al mundo. Es justamente por eso que Israel debe realizarse en la Iglesia para alcanzar su destino universal (Juan 4:22).

Decíamos antes que Mateo nos lleva en un crescendo de tensión hasta el momento en que Jesús se revela a los doce como el Mesías. Para entender este desarrollo y ver a dónde nos dirige el evangelista debemos recapitular brevemente el momento en Cesarea de Filipo en que el Mesías se declara como tal ante los doce.

En otras ocasiones hemos mencionado los contrastes que se hacen evidentes al contemplar el cuadro con los ojos de un judío de la época. Allí están los doce apóstoles, tal como si fueran representantes de las doce tribus de Israel. Simón (Pedro) es el que resulta elegido para declarar la mesianidad de Jesús. Creo que a un hebreo no se le escaparía el detalle de que Jesús es hijo de José y que el padre de José, presentado en la genealogía de Mateo, es un hombre llamado Jacob. Asi que allí tenemos una reproducción de los nombres ancestrales con ciertas características: Jacob, José; otro a quien Dios le habla en sueños y que es exilado en Egipto como el José original (2,13; 2,19).

Simón por su parte es tambien el nombre del hermano carnal de Leví, el primero en el orden de la herencia sacerdotal [2] y tambien el hermano que José retiene en Egipto como prenda (Genesis 42, 24). También Simón Pedro es hijo de un hombre llamado Jonás, lo cual nos conecta a la idea de que la Iglesia es hija de la Resurrección. La resurrección el signo prometido por Jesús y tipificado en la historia de un profeta que lleva el mismo nombre que el padre de Simón Pedro quien tambien es pescador, para mayor coincidencia (4, 18-20).

La escena, considerada desde el punto de vista de los nombres es ya altamente sugestiva y evoca los principios patriarcales de Israel con mucha fuerza. La imagen de los hijos de Israel rodeando al visir de Egipto (su hermano José a quien no han reconocido) viene fácilmente a la mente. En este caso ambos (José, el visir y Jesús, el Mesías) deben revelar a sus hermanos una identidad secreta. Asi como los hermanos de José van a Egipto en busca de pan, tambien están estos hombres destinados a recibir de Jesús el «pan del cielo» en la Eucaristía de la Iglesia por venir.

Jesús usa una fórmula muy parecida a la de Isaias capítulo 22, 15-25 para nombrar a Simón Pedro como mayordomo de su casa real restaurada. [3] De esa manera indica que El es el rey de Israel para siempre (Mateo 16, 37) y Pedro es el mayordomo o visir de la casa real que El mismo restablece a partir de ese momento.

Admito que todos estos paralelos son abrumadores y para apreciarlos se requiere una cierta destreza en el manejo de la historia sagrada hebrea. Entrenada en la disciplina del pensamiento occidental, nuestra mente se resiste a aceptar todas estas coincidencias y contrapuntos que no parecen seguir una estructura ordenada. Sin embargo, en su misma abundancia, estas coincidencias invitan a la mente hebrea a meditar en el cuadro. La mentalidad oriental se siente atraída al contemplar este rompecabezas místico y discierne, en esa misma complejidad, que estos enigmas revelan y ocultan a la vez un mensaje divino que debe ser descifrado. Ese mensaje divino es el destino de Israel que debe transformarse en Reino e Iglesia universal por obra de Jesús, su nuevo Rey y Sacerdote.

Pero hay algunas otras interesantes contraposiciones que se hacen ver en estos breves versos. Una de ellas puede ser no muy aparente para los que no dominan el arameo original de la conversación entre Jesús y sus discípulos. Me refiero al nombre que Jesús le da a Simón: Kepha (roca, piedra, promontorio rocoso). Aparte de ser un nombre original, Kepha, es muy sugestivo. Sólo Abraham es comparado a una roca en el Antiguo Testamento (Isaías 51:1). Para continuar con el tema del relevo de Leví por este Simón-Kepha, Jesús pareciera contrastar fonéticamente el nuevo nombre de Simón Pedro con el nombre del Sumo Sacerdote de ese año: Kaifás.

Sabemos que Kaifás no era Sumo Sacerdote de acuerdo al orden establecido por Dios, sino que es impuesto en ese cargo por el procurador romano en lugar de su suegro Anás. Esta medida política intentaba prevenir la existencia de un líder religioso que rigiera de por vida y pudiera resultar inconveniente a los intereses romanos y hasmoneos. El año de la muerte de Jesús es el turno de Kaifás de servir como Sumo Sacerdote (Juan 11, 51).

Kaifás es impuesto como sacerdote a Israel por César en la misma Jerusalén ¿Será por eso que Jesús elige Cesarea de Filipo—un lugar nombrado en honor a César—para nombrar a su propio vicario? El contraste es interesante: los romanos nombran a Kaifás como Sumo Sacerdote en Jerusalén. Cristo nombra a Kepha como Sumo Sacerdote en Cesarea. Luego los romanos destruyen Jerusalén pero Cristo conquista a Roma en un sentido místico. El Imperio Romano desaparece, la Iglesia de Cristo permanece, en Roma.

Agreguemos a esto que los nombres son simétricamente opuestos: en arameo Kepha significa roca o promontorio rocoso. Kaifás en cambio significa valle o depresión en el terreno. Teniendo significados opuestos ambos nombres suenan casi igual. La imagen que los nombres nos presentan es inescapable. Leví debe ceder su puesto a Simón, Kaifás debe allanar el camino a la nueva realidad que es la Iglesia de Cristo entregada a Kepha. El nuevo sacerdocio llevará desde entonces el mensaje de Dios al mundo entero y curiosamente presidirá la expansión de Israel desde la misma ciudad de César: Roma (Romanos 1, 1-7).

No podemos escapar a la poderosa y simétrica imagen que esta situación revela y de paso, es imposible reconciliarla con la imagen protestante de la iglesia restaurada por Lutero (o cualquiera de los otros que hacen el mismo reclamo) y aun menos con la imagen de una iglesia invisible cuyos fieles solo Dios conoce.

Referencias

[1] It was the extraordinary warm welcome afforded to the French-speaking Mrs. Kennedy during her visit to Paris in May 1961 that prompted President Kennedy’s remark, “I do not think it altogether inappropriate to introduce myself… I am the man who accompanied Jacqueline Kennedy to Paris, and I have enjoyed it.” John F. Kennedy Library and Museum. Historical Resources, Jacqueline Kennedy in the White House.

[2] Los hijos de Jacob por Lea, su primera esposa, son: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón.

[3] Contra Sebná, el mayordomo de palacio: Así habla el Señor de los ejércitos: “Ve a encontrarte con ese intendente, Sebná, el mayordomo de palacio, que talla su sepulcro en la altura y se cava una morada en la roca. ¿Qué tienes y a quién tienes aquí, para tallarte aquí un sepulcro? Mira que el Señor te arroja de un solo golpe, hombre fuerte; te envuelve bien envuelto, te ata fuerte como un ovillo y te arroja como una bola a un país de vastas dimensiones. Allí morirás, y allí irán a parar los carruajes que eran tu gloria, ¡tú, deshonra de la casa de tu señor! Yo te derribaré de tu sitial y te destituiré de tu cargo. Y aquel día, llamaré a mi servidor Eliaquím, hijo de Jilquías; lo vestiré con tu túnica, lo ceñiré con tu faja, pondré tus poderes en su mano, y él será un padrepara los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá. Pondré sobre sus hombros la llave de la casa de David: lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá. Lo clavaré como una estaca en un sitio firme, y será un trono de gloria para la casa de su padre. De él estará suspendida toda la gloria de la casa de su padre: retoños y gajos, todos los vasos pequeños, desde las tazas hasta las vasijas de todas clases. Aquel día –oráculo del Señor de los ejércitos– cederá la estaca clavada en un sitio firme, se quebrará, caerá, y la carga que estaba sobre ella será destruida, porque ha hablado el Señor. (Isaías 22, 15-25) NBJ

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