Un tiempo sin ley


Hace unos días, un lector estadounidense me escribió, después de la decisión de la Suprema Corte de su país que inventó el derecho al “matrimonio” entre personas del mismo sexo: “Estuve llorando casi todo el día … mientras trato de dormir un poco y me pregunto si me podrías ayudar a comprender dónde estamos en la corriente de los eventos en ciernes …”

Hay varios pensamientos que me vinieron a la mente en el silencio de esta semana pasada que son, en parte, una respuesta a esa consulta.

La visión

“Escribe la visión, y haz que resalte claramente en las tablillas, para que pueda leerse de corrido. Pues la visión se realizará en el tiempo señalado; marcha hacia su cumplimiento, y no dejará de cumplirse. Aunque parezca tardar, espérala; porque sin falta vendrá.…” (Habacuc 2:2-3)

Hay dos cosas que guían e informan a este apostolado que vale la pena resaltar una vez más. El primero es esa luz interior que el Señor me ha dado para entender que la Iglesia y el mundo están entrando en la Gran Tormenta (que es una especie de huracán.) La segunda y más importante premisa, sin embargo, ha sido filtrar absolutamente todo a través de la autoridad magisterial y la memoria de la Iglesia, preservada en la Sagrada Tradición, intentando responder fielmente a la directiva de Juan Pablo II:

“Los numerosos encuentros jubilares han congregado las más diversas clases de personas, notándose una participación realmente impresionante, que a veces ha puesto a prueba el esfuerzo de los organizadores y animadores, tanto eclesiales como civiles. Deseo aprovechar esta carta para expresar a todos ellos mi agradecimiento más cordial. Pero, además del número de asistentes, lo que tantas veces me ha conmovido ha sido constatar el serio esfuerzo de oración, de reflexión y de comunión que estos encuentros han manifestado. Con referencia a esto he hallado que la metáfora de la “Tormenta” se ciñe perfectamente al concepto del “día del Señor” que tienen los padres de la Iglesia temprana y que sucederá durante y después de la Tormenta.” [1]

El panorama

¿Qué es exactamente esa “Tormenta”? Tomando en consideración las Escrituras, la visión de los Padres de la Iglesia, las apariciones aprobadas de la Santísima Virgen, las profecías de santos como Faustina[2] y la Beata Catalina Emmerich, las inequívocas advertencias papales, las enseñanzas del Catecismo, y los “signos de los tiempos,” la Tormenta esencialmente nos hace entrar en el día del Señor. Según los primeros Padres de la Iglesia, este no es el fin del mundo sino un período específico previo que nos conduce al fin de los tiempos y al glorioso retorno de Jesús.[3] Ese tiempo, nos enseñan los Padres, se encuentra en la visión de San Juan quien escribió que después del reino del Anticristo (la Bestia) habría un período de paz, simbolizado por los “mil años,” el “milenio” en el que la Iglesia reinará junto con Cristo a través del mundo (ver Apocalipsis 20:1-4).[4]

“… este nuestro día que está marcado por la salida y la puesta del sol, es la representación del gran día que fija los límites del ciclo de mil años.”[5]

Y también,

“Ved, que el Día del Señor será como mil años.”[6]

Los “mil años” sin embargo, no deben ser entendidos literalmente sino de manera figurada como si se refirieran a un período de tiempo muy largo[7] en el que Cristo reinará sobre todas las naciones espiritualmente a través de su Iglesia y luego del cual “vendrá el fin.”[8]

La razón por la cual apunto a esto es porque, según San Juan y los Padres de la Iglesia, el surgimiento del “Desaforado” o “Bestia” ocurre antes del triunfo de la Iglesia — y que precede al “tiempo del reino” o aquello a lo que los patrísticos se refieren como “el descanso sabático” de la Iglesia:

“Pero cuando el Anticristo haya devastado todo lo que hay en el mundo, reinará por tres años y seis meses y se sentará en el templo de Jerusalén; y entonces el Señor vendrá con las nubes del cielo … arrojando a ese hombre y quienes le sigan, en el lago de fuego, pero trayendo para los justos los tiempos del reino, o sea el descanso, el séptimo día santo … Esto ha de suceder en los tiempos del reino, o sea, en el séptimo día … el verdadero sábado de los justos.”[9]

Eso quiere decir que tendremos que pasar por lo peor para llegar a lo mejor. Como escribió uno de los autores favoritos de Santa Teresita de Lisieux:

“El punto de vista más autorizado , el que parece estar más en armonía con las Sagradas Escrituras, estipula que, después de la caída del Anticristo, la Iglesia Católica entrará nuevamente en un período de prosperidad y triunfo.”[10]

Con referencia a esto quiero expresar cuál es una de las señas más significativas del Anticristo que parece estar revelándose a estas horas …

La hora sin ley

Vuelvo a contar para mis lectores nuevos una experiencia imborrable que tuve en 2005 y que un obispo canadiense me urgió a poner por escrito. Iba conduciendo solo por la Columbia Británica en Canadá, estaba en camino a mi próximo concierto, disfrutando del paisaje y dejando fluir mis pensamientos, cuando de repente escuché en mi corazón las palabras:

“He quitado la restricción.”

Sentí algo en mi espíritu que es difícil de explicar. Fue como si la fuerza de un golpe atravesara la tierra — como si algo hubiera sido liberado en el mundo espiritual.[11]

Esa noche en el cuarto del motel, le pregunté al Señor si lo que yo había escuchado estaba en las Escrituras, ya que la palabra “restricción” no me resultaba familiar. Tomé la Biblia y la abrí directamente en 2 Tesalonicenses 2:3 y comencé a leer:

“…os rogamos, hermanos, que no seáis sacudidos fácilmente en vuestro modo de pensar, ni os alarméis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera de nosotros, en el sentido de que el Día del Señor ha llegado. Que nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá sin que primero venga la apostasía y sea revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición…”

San Pablo nos advirtió que el “día del Señor” sería precedido por una rebelión y la revelación del Anticristo — en una palabra: desafuero.

“… antes de la llegada del Señor llegará la apostasía, y uno aptamente descripto como el “hombre sin ley”, “el hijo de la perdición” debe ser revelado, el cual la tradición ha llamado “el Anticristo.”[12]

Pero hay algo que “restringe” el arribo de este Anticristo. Esa noche con la boca abierta, asombrado, proseguí leyendo:

“Vosotros sabéis lo que lo detiene por ahora, para que sea revelado a su debido tiempo. Porque el misterio de la iniquidad ya está en acción, sólo que aquél que por ahora lo detiene, lo hará hasta que él mismo sea quitado de en medio. Entonces será revelado ese desaforado…”

Cuando pensamos en el desafuero nos imaginamos pandillas recorriendo las calles, la ausencia de la policía, crimen por todas partes, etc. Pero, como hemos podido ver en el pasado, las formas más insidiosas y peligrosas de desafuero vienen en forma de revoluciones. La Revolución Francesa fue alimentada por las masas dispuestas a destronar a la Iglesia y a la monarquía; el Comunismo nació cuando el pueblo se alzó en Moscú durante la Revolución de Octubre; el Nazismo fue democráticamente elegido por voto popular; y hoy, trabajando paralelamente a los gobiernos democráticamente elegidos, en contubernio con los operadores políticos, hallamos la fuerza que impulsa la presente Revolución Global: el activismo judicial, por el cual las cortes de justicia simplemente inventan leyes como resultado de la “interpretación” de las constituciones o declaraciones de derechos. Todo esto para decir que ha habido una aparición progresiva del desafuero que en realidad mina el fundamento de las libertades mientras pretende defenderlas.[13]

“…cuando la cultura misma es corrupta y no se sostienen ni la verdad objetiva, ni los principios universalmente válidos, entonces las leyes solamente pueden ser vistas como imposiciones arbitrarias u obstáculos que deben ser evitados.”[14]

Agrega el Papa Francisco: “Es por eso que la falta de respeto por la ley se está volviendo más común.”[15] Sin embargo, tal como otros papas advirtieron, este ha sido el objetivo constante de aquellos que trabajan en contra del orden actual.[16]

En este período, entonces, los partisanos de la iniquidad parecen estar aliándose. Ya no mantienen sus propósitos en secreto, se están levantando atrevidamente en contra de Dios mismo … aquello que es su propósito último, ya está a la vista — a saber, deponer completamente todo el orden político y religioso mundial que las enseñanzas cristianas han producido, que ha de ser sustituido por un nuevo estado de cosas acorde a sus ideas, cuyos fundamentos y leyes serán tomadas del mero naturalismo — Ver Humanun Genus, Encíclica sobre la masonería, n.10, por el Papa León XIII, 20 de abril de 1884.

La Bestia devora a la libertad

Hermanos y hermanas, afirmo esto para advertirles que se guarden de aquellos católicos bien intencionados que insisten que no podemos de ninguna manera estar acercándonos al tiempo del Anticristo. Y la razón de su insistencia es esta: ellos se han limitado a una teología escolástica y una exégesis bíblica que no tienen en cuenta todo el espectro de los escritos patrísticos, la teología mística, y la totalidad de la enseñanza católica. Y así resulta que declaraciones magisteriales como la siguiente son convenientemente ignoradas:

“¿Quién puede ignorar que la sociedad de este tiempo, más que en ninguna época anterior, sufre de un terrible y profundo mal que, crece día a día y consume lo más interior de su ser, arrastrándola a su destrucción? Vosotros entendéis, venerables hermanos, lo que es esta enfermedad — la apostasía contra Dios … Cuando se considera todo esto hay buena razón para sentir temor, no llegue a suceder que esta gran perversidad sea por ventura una muestra, y quizás el comienzo de esos males que están reservados para los últimos días; y que ya esté presente en el mundo el “Hijo de la Perdición” de quien habla el Apóstol.”[17]

Sin embargo un examen palmario de nuestros tiempos revela la presencia en esta hora de todos los signos que preceden y acompañan al “desaforado.”

I. Desafuero y apostasía

Como dije antes, el desafuero está apareciendo por todas partes, no solamente en la subversión de la ley moral natural sino en lo que el Papa Francisco llama la creciente “atmósfera de guerra”,[18] divisiones en la cultura y la familia, y crisis de índole económica.

Pero la palabra que usa San Pablo para describir el desafuero es “apostasía” que significa específicamente una rebelión contraria la fe católica, un rechazo de tal fe. La raíz de esta rebelión es el compromiso con el espíritu de este mundo.

“Nunca ha habido tal abandono de la fe cristiana como el que ha habido en el siglo pasado. Esta generación es ciertamente un “candidato” para la Gran Apostasía.”[19]

“…el amor del mundo es la raíz de todos los males y nos puede llevar a abandonar nuestras tradiciones y a negociar nuestra lealtad a Dios que siempre es fiel. Eso … es lo que se llama apostasía, que es … una forma de “adulterio” que ocurre cuando negociamos la esencia de nuestro ser: la lealtad al Señor.”[20]

Como se apunta en los párrafos precedentes, más de un Papa ha hablado de la apostasía que se manifiesta entre nosotros.

“La apostasía, la pérdida de la fe, se está expandiendo por todo el mundo y hasta en los más altos niveles de la Iglesia.”[21]

II. Desaparición de la libertad

Tanto el profeta Daniel como San Juan describen a “la Bestia” como una potencia mundial dominante a la que le es “dada autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación.”

La existencia de un poder mundial que todo lo controla está resultando cada vez más evidente[22] no solo en las leyes que se imponen y restringen[23] las libertades para “luchar contra el terrorismo”, gradualmente esclavizando no solamente a los pobres sino también a la clase media por medio de la “usura”.[24] Además el Papa Francisco lamenta la “colonización ideológica” que fuerza a las naciones de todo el mundo a adoptar una ideología crecientemente inhumana.

No se trata de una hermosa hermandad global de las Naciones Unidas, cada uno con sus propias costumbres, sino que es la globalización de una uniformidad hegemónica en un pensamiento único. Y ese pensamiento único es el fruto de la mundanidad.[25]

III. Tecnología sin dirección

El Papa Francisco ha elucidado de la misma manera la creciente amenaza del poder tecnológico que que amenaza “no solamente nuestra política sino también la libertad y la justicia.” [26] Prevalece un falso ideal como si “todo incremento del poder significa un incremento del ‘progreso’ en sí.”[27] Pero esto no es posible, nos advierte Francisco, a menos que haya una franca y abierta discusión de la ética y las limitaciones de la tecnología. Al igual que su predecesor, Benedicto XVI, quien enmarcó frecuentemente las tendencias económicas y tecnológicas como en riesgo de esclavizar a la humanidad, de manera similar Francisco ha adoptado un tono universal que, al mismo tiempo que toma nota de los beneficios y la necesidad de la creatividad humana, nos advierte de la creciente dominación de la tecnología por unos pocos:

“… aquellos con el conocimiento y especialmente con los recursos económicos para usarlos, tienen un dominio impresionante sobre el total de la humanidad y el mundo entero. Nunca antes la humanidad ha tenido semejante poder sobre sí misma, aún así nada nos asegura que tal poder será usado sabiamente, particularmente cuando consideramos cómo se está usando en la actualidad. Solo tenemos que pensar en las bombas nucleares arrojadas en el siglo XX, o la serie de tecnologías que el nazismo, comunismo y otros regímenes totalitarios han empleado para matar a millones de personas. Ni hablemos del creciente arsenal de armas disponible para la guerra moderna ¿En manos de quién está o eventualmente en qué manos puede llegar a caer ese poder ? Su posesión por una minoría es demasiado riesgo para la humanidad.”[28]

IV. La aparición de “la marca”

Uno tiene que ser un poco ingenuo para no reconocer el muy real y creciente peligro que el comercio se vuelva más y más restringido al campo digital. Quietamente, sutilmente, la humanidad se ve acorralada como ganado en un sistema económico en el que hay cada vez menos participantes y cada vez más control centralizado. Los pequeños comerciantes son frecuentemente reemplazados por compañías de envíos por correo; los agricultores locales son desplazados por compañías multinacionales; y los bancos locales son absorbidos por enormes y frecuentemente anónimas potestades financieras que ponen sus ganancias primero y el beneficio de la gente después, “intereses financieros oscuros que transforman a los hombres en esclavos privados de su humanidad, pero que son ellos mismos poderes abstractos a los que el hombre sirve,” dijo el Papa Benedicto XVI.[29]

Tecnologías que reducen la compra y venta a sus sistemas de reconocimiento digital, corren el riesgo de eventualmente excluir a aquellos que no “participan” en el experimento social de la mayoría. Si por ejemplo, el dueño de un negocio es forzado a cerrar su local por no hornear un pastel de bodas para una ceremonia homosexual … ¿qué tan lejos estamos de que un juez ordene el cierre de las cuentas de banco de aquellos considerados “terroristas” por el estado? O quizás, más sutilmente, después del colapso del dólar estadounidense y la llegada de un nuevo sistema económico ¿podría ser implementada una tecnología que también demande la adherencia a un “tratado global”? Ya los bancos han comenzado a implementar en la “letra chica” de sus contratos, cláusulas que insisten en que sus clientes sean “tolerantes” e “inclusivos.”

“El Apocalipsis habla de la Bestia, el antagonista de Dios. Este animal no tiene un nombre sino un número. En [el horror de los campos de concentración] fueron canceladas las caras y la historia, transformando el hombre en un número, reduciéndolo a un engranaje dentro de una máquina enorme. El hombre no es más que una función. En nuestros días no debemos olvidar que [el Holocausto] prefiguró el destino de un mundo que corre el riesgo de adoptar la misma estructura de los campos de concentración, si la ley universal de la máquina es aceptada. Las máquinas que han sido construidas imponen la misma ley. De acuerdo con esta lógica, el hombre debe ser “interpretado” por una computadora y eso sólo es posible si fuera reducido a un número. La Bestia es un número y transforma a los hombres en números. Dios, sin embargo, tiene un Nombre y nos llama por nuestro nombre. El es Persona y va en busca de la persona.”[30]

Extraños y peregrinos

Es evidente que los cristianos son ahora los nuevos “extranjeros;” en las naciones occidentales, nos hemos vuelto objetivos de la violencia. Dado que el número de mártires en el siglo pasado excede a la suma de los mártires de todos los siglos anteriores combinados, es claro que hemos entrado en una nueva persecución de la Iglesia que se vuelve más agresiva con cada hora que pasa. Esto es otro “signo de los tiempos” que indica que estamos cercanos al ojo de la Tormenta.

Sin embargo todo esto es lo que he venido escribiendo y advirtiendo en la última década junto con muchas otras voces en la Iglesia. El eco de las las palabras de Jesús resuena en mis oídos…

“Os he dicho todas estas cosas para que, cuando venga la hora, recordéis lo que os he advertido.” (Juan 16:4)

Todo esto es para decirles, hermanos y hermanas, que los vientos se van a embravecer, los cambios van a acelerarse, la Tormenta se va a volver más violenta. Repito, los Siete Sellos de Revolución desde que comenzó esta tormenta los estamos viendo abrir en tiempo real al ver las noticias diarias.

Pero en todo esto Dios tiene un plan para su pueblo fiel.

A fines de abril compartí con ustedes la palabra en mi corazón: Venid Conmigo. Sentí al Señor llamándonos una vez más a salir de Babilonia, a abandonar el mundo y entrar al “desierto.” Lo que no compartí entonces fue mi profundo sentimiento de que Jesús nos está llamando como una vez llamó a los “Padres del Desierto” — Esos hombre que huyeron de las tentaciones del mundo yendo a la soledad del desierto para salvaguardar su vida espiritual. Su escape al yermo desolado dio fundamento al monasticismo de Occidente, a una nueva forma de combinar trabajo y oración.

Mi impresión es que el Señor está preparando lugares específicos a los que los cristianos podrían ser llevados, ya sea voluntariamente o por ser desplazados de alguna manera. He visto estos lugares para “exilados” cristianos, estas “comunidades paralelas,” en una visión interior que me acaeció hace varios años mientras oraba frente al Santísimo Sacramento (ver Los refugios y Soledades en Ciernes.)[31] Sin embargo sería errado pensar que son solamente refugios futuros. Ahora mismo los crisitanos necesitan agruparse, formar lazos de unidad para darnos fuerzas mutuamente, para ayudarnos y darnos ánimo unos a otros. Porque la persecución no es para mañana: ya está aquí.

Por eso me fascinó leer un editorial que apareció en la revista Time la semana pasada. Me emocionó por razones obvias y lo cito en parte aquí:

“…los cristianos ortodoxos debemos entender que las cosas se van a poner mucho más difíciles para nosotros. Vamos a tener que aprender a vivir como exiliados en nuestro propio país […] vamos a tener que cambiar la manera en la que practicamos nuestra fe y la enseñamos a nuestros hijos, a construir comunidades capaces de sobrevivir.”

Es el momento para lo que yo llamo “la opción Benedicto.” En su libro Después de la Virtud, publicado en 1982, el eminente filósofo Alasdair MacIntyre comparó nuestra era a la caída de la antigua Roma. Nos puso como ejemplo a Benedicto de Nursia, un joven cristiano devoto que dejó el caos de Roma para retirarse a los bosques a rezar. MacIntire dijo que, si queremos vivir de acuerdo a las virtudes tradicionales, tenemos que hallar nuevas maneras de hacerlo. “Esperamos,” dijo, “a un nuevo e indudablemente diferente San Benedicto.”

Durante la Edad Media, las comunidades benedictinas formaron monasterios y mantuvieron ardiendo la luz de la fe rodeados de una cultura oscura. Eventualmente los monjes benedictinos ayudaron a re-fundar la civilización.[32]

Ciertamente el Papa Benedicto nos advirtió en su carta a todos los obispos del mundo, que “la fe está en peligro de morir como una llama que ya no tiene combustible”.[33] Pero esta hora de desafuero también presenta una oportunidad: de ser un guardián y defensor de la fe, preservando la verdad y manteniéndola viva y ardiendo en el propio corazón. Ahora mismo la “era de paz” que se aproxima está siendo formada en los corazones de aquellos que confían en Jesús. Dios está preservando un pueblo, frecuentemente escondido del mundo, por medio de la enseñanza en el hogar, nuevas vocaciones para el sacerdocio, y la consagración religiosa en la vida para llegar a ser semillas de una nueva edad, una nueva civilización del amor.

Estamos acercándonos cada vez más rápido y llegando al Ojo de la Tormenta.[34] ¿Cuánto tardarán estas cosas en ocurrir? ¿Meses? ¿Años? ¿Décadas? Lo que puedo decir, queridos hermanos y hermanas, es que cuando veamos estos eventos ocurrir (aún ahora mismo) uno tras otro y pareciera que la Iglesia y el mundo están a punto de perderse … recordemos las palabras de Jesús:

“Pero os he dicho estas cosas para que cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os había hablado de ellas.” (Juan 16:4)

… y entonces, estemos tranquilos, seamos fieles, y esperemos la mano del Señor que es refugio de todos quienes permanecen en El.


Publicado originalmente en inglés en The Now World.

Traducción por Carlos Caso-Rosendi.

Referencias

[1] Novo Millenio Ineunte, 9.

[2] cf. Faustina, and the Day of the Lord. (Faustina y el Día del Señor.)

[3] cf. How the Era was Lost; (Cómo se perdió la Era) ver también Dear Holy Father… He is Coming! (Querido Santo Padre… El viene!

[4] cf. The Popes, and the Dawning Era. (Los Papas y la era que amanece.)

[5]Lactantius, Fathers of the Church: The Divine Institutes, Book VII, Chapter 14, Catholic Encyclopedia. Lactancio, Padres de la Iglesia: Las Divinas Instituciones, Libro VII, Cap. 14. Enciclopedia Católica.

[6] Letter of Barnabas, The Fathers of the Church, Ch. 15. La Epístola de Barnabás, de Los Padres de la Iglesia. Cap. 15.

[7] cf. Millenarianism—What it is, and is Not. (Milenialismo, lo que es y lo que no es.)

[8] cf. Mateo 24:14.

[9] San Ireneo de Lyon, Padre de la Iglesia (n. 140, m. 202 d.C.); Adversus Haereses, Irenaeus of Lyons, V.33.3.4, The Fathers of the Church, publ. CIMA Publishing Co. (“Contra las Herejías, Ireneo de Lyon” en Los Padres de la Iglesia.)

[10] The End of the Present World and the Mysteries of the Future Life, (El fin del mundo presente y los misterios de la vida futura.) Fr. Charles Arminjon (1824-1885), p. 56-57; Sophia.

[11] cf. Removing the Restrainer. (La remoción de la Restricción.)

[12] Papa Benedicto XVI, Audiencia General, “Sea al final del tiempo o durante una trágica falta de paz: Ven, Señor Jesús!”, L’Osservatore Romano, Nov. 12th, 2008.

[13] cf. Dream of the Lawless One. (Sueño con el Desaforado.)

[14] Papa Francisco, Laudato si’, n. 123.

[15] cf. Laudato si’, n. 142.

[16] cf. Mystery Babylon. (El misterio de Babilonia.)

[17] Papa San Pio X, E Supremi, Encíclica, sobre la restauración de todas las cosas en Cristo, n. 3, 5; 4 de Octubre de 1903.

[18] cf. Catholic Herald, June 6th, 2015.

[19] Dr. Ralph Martin, Consultor del Pontificio Concilio para la Nueva Evangelización, What in the World is Going On? Documental de televisión, CTV Edmonton, 1997.

[20] Papa Francisco, en una homilía difundida en la Radio Vaticana en noviembre 18 de noviembre de 2013.

[21] Papa Pablo VI, Discurso en el Sexagésimo Aniversario de las Apariciones de Fátima, 13 de octubre de 1977.

[22] cf. Apocalipsis 13:7.

[23] cf. Control! Control!

[24] cf. 2014 and the Rising Beast. (2014 y la Bestia que asciende.)

[25] Papa Francisco, Homilía del 18 de noviembre de 2013.

[26] cf. Laudato si’, n. 53.

[27] cf. Laudato si’, n. 105.

[28] Laudato si’, n. 104.

[29] cf. Reflexión para después de la lectura del Oficio para la Tercera Hora, Ciudad del Vaticano, 11 de octubre de 2010.

[30] Cardenal Ratzinger, (luego Papa Benedicto XVI) Palermo, 15 de marzo del 2000.

[31] En inglés The Coming Refuges and Solitudes.

[32] Rod Dreher en Time Magazine: “Orthodox Christians Must Now Learn To Live as Exiles in Our Own Country.” (Los cristianos ortodoxos deben ahora aprender a vivir como exiliados en su propio país.) 26 de Junio de 2015.

[33] cf. S. S. Benedicto XVI a todos los obispos del mundo. 12 de marzo de 2009; Catholic Online.

[34] cf. The Eye of the Storm. (El ojo de la tormenta.)

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